Adiós al tiempo

Sentí la urgencia de hablar con alguien; de contarle como me arranca las muelas el torturador por las noches. Construyo carreteras con las prominentes arrugas de mi rostro. Desvian los caminos el futuro y derriten las esperanzas. Me escondo dentro de un oscuro refugio para tornados sin alabanzas o riquezas; sólo un saco de huesos y el cráneo de un pensador de tercera.

Me siento sobre la cama con la idea de no despertarte. Respiras despacio y temo tu muerte. Te escondo los pies de los demonios para que no tengan como llevarte con ellos durante mi ausencia. Las persianas están a medio bajar y yo me pregunto si habrá algún número donde pueda llamar a los secuestradores y dejar que me lleven.

Desafié mis instintos y me fui sin que supieras. Surgió sobre mi piel la sospecha de que aquel extraño me persiguió a la cocina mientras iba por agua. Puedo escuchar sus pasos pisar mi sombra. Un sólo sonido que me enferma y me impide regresar a la cama por temor a que sepa en donde encontrarme.

Dejo caer el baso… el tiempo se congela y ahuya de dolor. El criminal tiene el descaro de dejar la evidencia sobre la mesa y no descubre por vergüenza su rostro. La sangre se revuelca entre los desperdicios de mi existencia y a mi me parece gracioso el numerito.
No llamaré a la policía porque pensarían que estoy loca. No mencionaré nada a mi madre que sabe de mis pesadillas ni a ti que por el momento descansas.

Dejo que se marche y se lleve con él el cuerpo del delito. No tengo ganas de seguir viendo al tiempo con una bala metida en los sesos y los senos de fuera. Mujeres promiscuas, quien las entiende… me resultan penosos los asesinatos pasionales y más los que victimizan mi sexo. Me quedo admirando la obra de arte de un completo amateur; de un criminal sin agallas que no puede prometerme la gloria.

Fotografía: DCaballero

Tres días y medio de lluvia

Con botas de hule para brincar en los charcos,
las calcetas de colores y descombinadas como usaba mi abuela.
Sin nada que ocultarle a la lluvia que canta mientras cae desde la copas de los árboles,
sin resentimientos ni rencores de vidas pasadas.

Cierro los ojos. Mis pestañas tocan el techo y
mi rostro revive después de una muerte anunciada.
Despego de la suela las mentiras aplastadas y
saco de la funda los trapos viejos que no me permitieron dormir.

Escucho el silencio. A los carros que pasan, a los niños que ríen.
Juego con mi dedo en tu cabello.
Te confieso uno de mis secretos que bien conoces y
cuento tus pecas mientras camino sobre tu espalda.

Contamos las gotas que se cuelgan del vidrio.
Ilumino las nubes con crayones y me siento de nuevo libre.
Hago a un lado mis convicciones y me despido del monstruo que fui.
Al fin lograré desvanecer mi penosa pasión y
seré la persona que quiera, la que soy el día de hoy.

Haré las pases con el tiempo.
Le pondré un pedestal sobre la mesa de noche.
Inventaré leyendas y acariciaré tus sueños para que sepas cuando
duele caer desde el cielo.

Migraña

Las ideas se ven apretadas en lo profundo de mis membranas.
Turbulentos los caireles que se desvanecen entre nosotros.
Enojos y frustraciones que no tengan nombre, que repito acostada en mi cama en lugar de gozarte.

Me desintegro, ha sido tan pesado el aire que cargo sobre mis hombros que voy y te olvido.
Busco respuestas dentro de frascos con pastillas y camino por habitaciones sin fondo a ver si nos reencuentro.

Quiero decirte lo siento, pero en su lugar veo que me hizo falta una de tus disculpas.
Mal entiendes mis depresiones con caramelos y te burlas de mis preocupaciones.
Las responsabilidades se duermen ahora comigo y todos mis sueños son burdos…

¿A quien quieres que odie? ¿Quien pudiera ser mi enemigo si no conozco otra cosa?

Me rio de los siniestros, de los apuros, me rio de las antiguas bromas y
dejo escapar el sonido del tren que se cuela en medio de la siesta.
Quiero amarte lunares con puas, quiero dejar ir los rencores…
decirte que te extraño, que estoy lista para una aventura; lista para que me leas una de nuestras historias.

Fotografía: Diego Caballero

No tengo idea

No tengo idea cuando será el día que por fin me despierte y ya no piense en ti.
No tengo idea cuando dejaré de llorar; que día se secarán las lágrimas de mis sábanas o nos reecontremos en rostros de desconocidos y seas alguien más.
No tengo idea que día se borrará de mi piel las marcas de tus dedos, que día dejarán de existir nuestros días en el calendario, el día que ya no huela más a ti.

Fotografía: hillarykl

Para Mirthes

Me recordó a mi abuela, a la única.

Su departamento era acogedor. Cada rincón tenía un toque maternal. El comedor me produjo cierta nostalgia por el pasado. Como una larga tonada clásica que se transforma en una modernidad que ahora contemplo en tonalidades moradas.

Recorro los coloridos surcos del tapete con los tentáculos de mi imaginación. Aspiro hondo en busca de su perfume, de sus verdes ojos que se han azulado en el rostro de mi querida Gabriela.

Me alejé del cuadro. Brinqué del precipicio de este alto edificio. Me ausenté de la cena porque lo que más me cautivó fue su normalidad; los entrelazados caminos del destino a quienes regalo girasoles.

La busqué. La busqué en medio de un mundo de extraños. En sus detalles y los cuchicheos. Descifré su verdad y les escribí un soneto para cantarlo antes de dormir.

Me dieron ganas de abrazarla, de contarle que me he enamorado. Quisiera que pudiera hablar con él a pesar de no poder escuchar bien sus palabras. Me dieron ganas de traer mis colores; de ponerle dorados y naranjas al cielo gris para pensar que ella me sonríe mientras nos besamos.

Memorias de Cuba

Me sonrió con esa forma despreocupada para ahorrase un par de palabras. Tartamudeaba de forma insólita mientras buscaba en su vocabulario la coherencia requerida. Se agarraba los pantalones para evitar que se le cayeran y nosotros pensáramos que ese pobre infeliz no era un verdadero hombre.

Me dibujó en el aire una fantasía. Me habló de la mujer que llama su madre. Quien fuera esa dama que puede no existir, quien fuera ella si no una fotografía. Su voz flaquea mientras la describe, me pregunto si siempre dice lo mismo de ella. Si para cada turista su madre trabaja de locutora en Miami o si otras veces será enfermera o cabaretera.

Se acercó más y yo me di cuenta del obtuso símbolo, la lejanía de nuestras vidas y nuestro pobre entendimiento. Mi corazón no guarda en sí la compasión para quienes han vivido una miseria que no comprendo.

Con sus cansados pasos me construyó a una hija perdida. Un alma blanca que transita a solas las calles de la Habana. Una pequeña que creé conocer lo que significa una oportunidad, alguien que sospecha que existen otros colores y quizá otras formas de vida.

De mi mochila sólo salió una triste pasta dental que di en ofrenda de mi ignorancia. Una forma personal de deslindarme del hecho y fingir que quiero hacer las pases con el injusto demonio quien arrastra a ese pobre hombre con su andadera.

Mitómano, loco, vagabundo, buen hombre que jamás revelaste tu nombre para ver si rezamos por ti. Sé que navegas las calles buscando quien pueda escuchar tu historia, sé que vas en busca de otros que tengan más corazón. Alguien que pueda apreciar una lágrima verdadera.

Fotografía: Diego Caballero

Punto Final

Busqué la forma de ponerle punto final a la historia. Me esmeré en crear personajes que fueran creíbles, los huecos que tengan serán evidentes para los espectadores.

Me abrí con el cuchillo más filoso de la cocina y corté una circunferencia sobre mi estómago. Comencé a jalar mis intestinos poco a poco mientras presenciaba el lento desangrar de mis entrañas. La verdad me produjo náuseas que inundaron la cocina con restos de mi desayuno y mi pubertad. Me fui quitando todas las costras de mis heridas para ver si llegaba al fondo del misterio, deseaba confrontar mi carne trémula y putrefacta; ver si sería capaz de poner un final a este cuento.

Los escenarios fueron justo los mismos. La memoria es un terrorífico lugar para dejar guardados los recuerdos. Podía olor el ático donde acumuló todas sus pertenencias y repasé con la yema del dedo el polvo sobre los muebles. El tiempo se suspendió y ahora duerme sobre la amaca que él construyó con cuidado y metodismo. Cubrió las paredes con dibujos preescolares y me mando a cenar con la barriga vacía. Me dijo que iría a darme las buenas noches pero pasaron 20 años de eso.

Me torturé con el pasado como hice cada noche antes de rezar un padre nuestro. No me comí las uñas porque serían mi única herramienta para escarbar el agujero por el que escaparía. Procuré que no se hiciera tarde para terminar de contarle a todos como terminó mi relato. Imaginé como sería su rostro al grado que se ha convertido en pesadilla latente. Transito a medias las calles que fui armando para seguirte hasta la casa donde he de abandonarte y con eso a mi locura. Concluí sin cobardía sabiendo que tendría que enfrentarte otro día en el infierno.

Fotografía: Diego Caballero

Adolecer

Tenía miedo de caer por el abismo, el espacio entre las horas lastima las heridas que intento cerrar.

Lucho para no derrumbarme contra el soplar de los vientos. Me acuclillo juntos a los niños que temen a la oscuridad para aprender lo que significan las tinieblas.

Sé que todo estará bien, sólo no sé cuando. Sé que seré libre algún día , sólo no sé donde encontrar ese momento.

Quiero sentir que estoy viva, quiero sentir que vale la pena existir. Temo que si me quitan la miseria, deje de ser real.

Duele adentro, duele de tanto adolecer, duele madurar.

Cierra los ojos

Cierra los ojos,
pide un deseo.
Pide algo rico;
algo que sea esponjado,
algo que me puedas convidar
para que no me quede con ganas.

Dame la mano,
caminemos por las calles empedradas.
Susúrrame al oído la canción
que compusiste el otro día para mi.

Amame, dame un besito en la mejilla.
Di mi nombre un par de veces,
y descubre lo poco que sabes de mi
cuanto canto junto al río.

Fotografía: Diego Caballero

Modelo por un Día

Caminé sobre los miedos de mi propia infancia, caminé porque si no la vida se pasa sin que podamos recorrer otros mundos.

Fue diferente a todo lo que he vivido. Diferente a mi rebeldia adolescente, a mi depresión, a todo lo que he sido.

Tuve 6 años otra vez. Cumplí 7 ese día disfrazada entre mis pequeñas amigas con estolas y sombreros de té. Dejó de importarme el protocolo, ser grande y fingir cierta madurez para enfrentarme a los retos que me he impuesto en el camino. Ya no tenía ganas de ser un adulto, quería jugar, ser libre. Hice un esfuerzo por encontrar la inocencia que me transformó, veía el mundo desde abajo y abrí los ojos para recorrer la pasarela.

Coloqué los tacones en mis cansados pies y caminé como si estuviera apenas aprendiendo. Caminé sobre los miedos de mi propia infancia, caminé porque si no la vida se pasa sin que podamos recorrer otros mundos. Perdoné a mi padre por su desaparición durante mi andar, me reconcilié con los gritos de terror en esas noches de lluvias. Tomé de nuevo la mano de mis abuelos y paseé por el parque que quedaba cerca de su casa. Viví de nuevo como si esa vida fuera real, como si el dolor no importara porque sé que creceré y lograré superarlo.

Con la frente en alto dejé que el viento me envolviera. La música me dio fortaleza para salir de la carpa donde cambié mi vestuario por uno más genuino. Los aplausos de mis enemigos fueron bien recibidos esta vez; el odio de sus corazón era menos lastimoso que la indiferencia de mis ancestros que nunca quisieron terminar de escuchar uno de mis poemas. Por mi cabeza pasó el recuerdo de mi tropiezo, me concentré en mirar hasta el final de la pasarela y creer que podría llegar allí sin dificultades.

Era una niña, una niña grande como diría Regina porque ahora tengo 7. El glamour y todos mis viajes por los callejones parisinos regresaron a mi vida con la misma emoción. Canté por que el mundo fuera de caramelo aunque no podía decir todas las palabras, quería tomar el micrófono y que se escuchara mi voz en otras galaxias. Dejé que fueran de colores los momentos que vi pasar frente a mis ojos para tener porque vivir el día de mañana. No me dio más nostalgia crecer, me dio esperanzas.

Se lo dedico a Regina. Gracias por recordarme lo maravillosa que es la vida.