Palomas

Me dieron ganas de darte un consejo, de pedirte unos segundos de tu atención o un té caliente para los nervios.

No tenía puestos mis zapatos para caminar, calamidad para una vagabunda como yo que no tiene rumbo.

Te mandé un beso, uno tibio que arrojaste a la fogata por culpa del frío.

Seguí con la mirada a las palomas suicidas que transitan sin compromiso los tejados de mi abandonada capital.

Ellas me miraron con esos ojos rojos que me gritaron rencor. Osaron enfermarme con su angustia y esas alas cortas que Dios les dio.

Me sentí con ganas de espantarlas y poner fin a esta isla discreta, arrojarles migajas y que coman de mi puño para ver si me llevan con ellas.

Intenté dormirme a tu lado bajo los periódicos que juntamos. Se inclinaron a vernos celosas como si fuéramos un par de soñadores enamorados; pero no lo éramos… a penas y éramos un par de locos.

Doña Perfecta

Es horrible, no es peor que horrible ¡ES NEFASTO! es más que nefasto hacerlo todo mal.

No hay nada peor que defraudarte, que no puedas vivir bajo la expectativas que los demás tienen para ti.
Hoy renuncié a mi trabajo, renuncié a la felicidad y hasta otras miles de cosas en mi lista.
Me siento con ganas de dejarlo todo dentro de una maleta e irme lejos a donde no tenga que usar zapatos.
Quiero dejar la civilización y volver a lo orgánico a lo natural. No tener que rendir cuentas y tampoco tener un espacio tiempo para existir.

Me siento un poco mal, tanto que no tengo ganas de hablar. No tengo ganas de comer y me autocastigo con boberías para ver si herirme me produzca un poco de placer.

No tengo ganas de nada, quiero desaparecer…. borrarme del planeta y juntarme con las cansadas nubes. Caer de la copa de los árboles como una hoja seca y llenar de nada un parque que pierde su verde color durante el otoño.

Fotografía por maita2008

Viaje Astral

Me recordó a mi abuela, a la única.

El departamento era acogedor. Ordenado de una forma maternal con cierta nostalgia por el pasado estancada en el comedor. Una larga tonada clásica que se trasgiversó en una obligada modernidad que ahora contemplo en verdes tonalidades.

Recorro los surcos del colorido tapete con los tentáculos de mi imaginación. Aspiro hondo en busca de su perfume; de sus verdes ojos que ahora se han azulado en el rostro de la querida Gabriela.

Me alejé del cuarto. Brinqué del precipicio de este alto edificio. Me ausenté, porque lo que más me cautivó fue su normalidad, los entrelazados caminos del destino a quienes regaló girasoles.

La busqué, la busqué en medio de un mundo de extraños. En sus detalles y sus cuchicheos descifré su verdad para escribirles una canción.

Me dieron ganas de abrazarla, de contarle como es él… que pudieran platicar a pesar de que ella nunca escuchó bien. Me dieron ganas de traer mis colores, de ponerle morados y naranjas al cielo gris para pensar que ella me sonríe.

Fotografía de Victoriadosanjos.