Milagro Particular

La vida me demuestra constantemente que se necesita mucho esfuerzo y entereza para lograr lo que uno se propone. Que no importa que tan inteligente, que tan talentosa o aplicada seas; sin rigor uno se estanca. Un virtuoso para convertirse en lo que es requiere de práctica y sacrifica mucho para poder dedicarse a lo que ama… y aún cuando todo lo hagas al pie de la letra, cabe la gran posibilidad de que fracases en el intento.

Pero bueno, también he aprendido que eventualmente llegan las satisfacciones. Hace unos meses escribí la entrada titulada “Llegará el Sí”. Hablaba sobre el fracaso, en particular sobre el fallo negativo que tubo mi guión de largometraje animado “Xibalba”. Por tercer año consecutivo había sido desechado para entrar al Laboratorio de Guión dentro del marco de Cinefilia en Colombia y claro que me sentía devastada.

Una de las primeras cosas que le dije a Diego era que – yo nunca ganaba – … Que en esos tres años había estado trabajando continuamente para mejorar mi guión y que siempre mis esperanzas terminaban teñidas de lágrimas y auto-flagelaciones. Él me aseguró que era mejor haber participado que nunca intentar nada, porque no sabía cuan cerca podía estar de ese “sí”.

Y bueno… tenía que compartirles que ocurrió un milagro. Que hace 2 semanas recibí un mail que casi borro pensando que era Spam, en donde se comunicaban conmigo de parte del Laboratorio de Guión porque era posible que una persona cancelara su participación y yo era la siguiente en la lista. Les explico un poco, a este programa aceptan a 22 proyecto, literal el mío era el número 23 de los más de trescientos que fueron enviados. Podía participar de cualquier país iberoamericano y por lo menos 10 personas serían directamente colombianas; así que las posibilidades fueron siempre pocas. Pero allí estaba yo, presenciando el asombroso destino que ya lo tenía todo bien planeado.

Ahora estoy a 6 días de embarcarme en esta aventura y no podría estar más nerviosa, más expectante y feliz… que bueno que no me di por vencida, que lo intenté y que sin importar cuantas batalles gane o pierda, seguiré luchando por las cosas que crea.

La Espina

Jugaba en el jardín mientras brillaba el sol.

Las risas contagiaban cada recoveco,

Las memorias de la infancia se tornaron legendarias

hasta que vi en una rosa las espinas del amor.

Con esos sentimientos de lujuria y deseo,

dejé de ser una niña.

Sufrí y lloré cuando esa espina me pinchó.

El poco de sangre que me brotó se esparció en la memoria,

y me quedó claro que esas heridas eran capaces de matar.

Amar era cosa de valientes,

de cualquiera que no le importe estar expuesto y fracasar.

Porque a veces se ama con más de lo que uno tiene,

con más de lo que uno es.

Y pasó el tiempo…

me alejé de ese jardín, de esa vida.

Tenía miedo de esas heridas,

de esas decepciones que ya había vivido.

No tenía esperanza de comprender

y en su lugar deseé conocerme.

Para que cuando de nuevo me encontrara en ese jardín,

yo también supiera lo que significaban esas palabras.

Para que si fuera necesario

yo también sacara espinas.

Nos hicieron falta horas para esas historias de desamor,

porque cuando en esos lagos amarillos me miré

yo ya sabía el final de la historia.

No fue lo que pensé,

hasta ese momento solo conocía alejadas falacias.

Eso es el amor… inesperado, crucial, envolvente.

Así fuimos desde ese momento;

él el agua y yo un lirio que descansa

sobre su extensión en espera de más atardeceres.

Llegará el Sí.

Me siento muy agradecida porque la vida me siguió dando la oportunidad de disfrutar de la gente que quiero y de hacer lo que más me gusta.

A veces uno no puede ver todo lo bueno que le pasa porque sólo se concentra en las cosas que salen mal. Mi vida no es la excepción, no es perfecta y muchas veces las cosas no salen como me gustarían, pero entiendo que se debe a que hay un plan mayor.

Y que ironía… este fin de semana, que en verdad fue de esos estupendos que pasas divertido y en contacto con la naturaleza, se nubló al recibir los resultados de una convocatoria que tenía esperando más de un mes. La idea era ganar una beca para ir a Colombia a pulir mis guiones, pero la suerte no me sonrió en esta ocasión y al abrir el correo descubrí que ese no era mi destino.

¿Por qué les comparto esto? La respuesta es muy simple, no me da pena fracasar. Supongo que muchas veces intentamos ocultar nuestros deseos y nuestras metas, pero no yo. Llevo 5 años emprendiendo mi propio negocio y les confieso que también en el he fracasado. Clientes me han cerrado la puerta, mucha gente me ha rechazado, colaboradores se han ido y a algunas veces hasta la luz nos han cortado. La vida no es perfecta, pero no importa, porque tampoco nosotros.

Yo no me canso de intentarlo, así como tampoco me cansaré de escribir o de soñar. Este es un ejercicio de humildad, de retrospección. No quiero pretender que todo el tiempo soy feliz o que tengo todo lo que quiero. Lo único que se es que la vida que llevo es una vida que he luchado por construir y eso nadie puede quitármelo. He aprendido a ser feliz sin importar lo que ocurra, porque a veces no dejamos llevar por la tristeza y olvidamos todo lo que tenemos.

Esa noche que abrí el correo y hojeé entre los elegidos mi nombre me puse triste. Tenía ganas de saber que exactamente no les había gustado de mi guión y luego me enojé porque nunca lo sabría. El paraíso se me esfumó, ya no podía ver sus colores, sentía que perdía la fe en mi. Después de un rato recapacité. Me di un baño caliente y reflexioné. De nuevo me sentí valiente por intentar, por no rendirme. Esta no era la única ni la última vez que alguien me decía que no; pero ciertamente me dio fortaleza y esperanza recordar que ya han existido muchos “Sí” y que con determinación, no hay día que no esté más cerca de ellos.

La vida de los sueños

Hacía mucho que no me despertaba al alba. Escuchar como se van levantando los grillos y ver como desaparecen las últimas estrellas. La ciudad está tranquila, como si no tuviera idea de lo que ocurre. Sin tener la certeza de que alguien la observa, me escondo entre las sombras para que no me encuentre.

Espero entre otras cosa la primera taza de café. Me alimento del sonido de los autos fantasmas que transitan por la ciudad de Faray. La emoción es abismal, el sobresalto de la cama y la necesidad de una profunda reflexión antes de seguir con la vida para que podamos saborear los triunfos que nuestro empeño nos ha logrado. Soñar es la ventana más pura que se puede encontrar un poeta. La realización no es el instante en el que se alcanza algo y se sigue adelante. Yo me permito ir admirado el trayecto, acercarme con un paso más a eso que tanto deseo. Soñar al punto que esa sea mi vida y no algo momentaneo. Vivir un sueño es eterno, el yo es pasajero. Ser tan grande como este universo y a la vez ser un simple mortal es la contradicción más grande de este planeta. Transcender es algo que sé logra con convicción, régimen, andar. Nada que llegue fácil se queda y sin querer nos perdemos sino teníamos rumbo desde el inicio.

Aún me quedan cien fracasos y mil glorias antes de partir, gozaré cada uno de estos eventos que he de procurar para sentirme viva. Que el sueño sea siempre vivir más, aprender. Que la meta sea clara y que el destino me deje en donde nacen las estrellas para brillar aunque todo se termine. Que prevalezca el deseo, que se construya el mundo de acciones y no de intentos desmotivados.

La ciudad despertará en cualquier instante. Dejo el corazón sobre esta mesa y lo observo palpitar, ensancharse. Hoy comienza igual que ayer y lo que aguarda es completamente distinto. Yo seré otra persona, pero ese corazón que está vivo es el mismo y lo abrazo.

En el pasado tuve mucho miedo de sentir, de fracasar, de reír, de enamorarme. La vida así no tiene sabor, estar dormido y desaparecer junto con todo eso que decían nos haría diferentes. Si me recriminaron por ir en busca de mi propia voz hoy los perdono. Si en ese camino los herí, les pido disculpas. Hoy declaro con todo mi ser que soy feliz porque entre tanta desventura me encontré.

Rue Galande

Por un segundo sentí que podía delinear la rugosidad de sus paredes si cerraba los ojos. Me arrepentí de todo el arrebato y la juventud que derroché sobre esa alfombra; deseando revolcarme en su color carmín como una loca por última vez. Caminé despacio hacia la delicada madera que me separaba del balcón. Los vidrios eran tan débiles como la vista de mis ojos cansados que no daban para distinguir a los vecinos del otro edificio. No era su culpa mi falta de pulcredad, ni la poca idea que tenía sobre la cocina. Ellos se quedaban sostenidos en el viento deteniendo la lluvia y la nieve mientras yo hacía esfuerzos por escuchar.

A veces por puro gusto me paraba en la orilla del balcón y gritaba que este era mi hogar. Tenía que decirle al mundo que aquí viví una corta y fugaz alegría. Me adueñé de las calles, de la gente, de los olores. Me hice guardiana de la neblina y coleccioné centavos tirados en las estaciones del metro.

Mi sello personal nada tenía que ver con la Torre Eiffel; el Paris que viví nada tenía que ver con eso. Lo que mejor retrató mi personalidad era el Senna frente al café. Solía sentarme a solas con un libro y me obligaba a ver; era una mala costumbre beber a medio día e imaginar por donde pasaba la tubería pero no podía detenerme. Notre Dame era el lugar al miraba todas las mañana antes de salir a la uni. Verla me hacía sentir real a pesar de que todo lo otro fuera fantasioso.

De esos días en la ciudad luz sólo queda la sensación de desarraigo a la patria y la obscena necesidad de volver. Extraño el francés como nunca pensé que lo haría. A veces pienso que no volveré hablarlo jamás por temor a perder las últimas palabras que me quedan. Si vuelvo seré muda o moriré en esas tierras porque no tengo forma de regresar el tiempo.

Extraño caminar sin rumbo y perderme entre las calles. Aún en esos tiempos tenía miedo como buena mexicana de los vagos y los secuestros. Sin embargo me sentaba a oscuras con las ratas de la calle y les compartía de mi cigarro con tal de escuchar sus historias. Me arrepiento de no haberme vuelto inmortal, de hacerme omnipresente y seguir allá con todo lo que tengo aquí. Si hubiera sabido que el tiempo seguiría transcurriendo hubiera pintado más, regalado poesías en español malo en el metro, comprado la rebanada de queso que tanto añoré.

París como te guardo en el pecho. Me dan celos los otros que te frecuentan, los que se van pero no te ven. Las otras amantes que tienes encerradas en tus closets, la gente que no busca comprenderte. Insisto, hoy me haces tanta falta que eso me da fuerzas para terminar, para volver a verte aunque eso termine por matarme. Por un segundo sentí que estaba allí de nuevo. Que me acostaba en esa tina vieja y mirada el techo. No hay pobreza ni limitación que no se sienta como mera burguesía dentro de esa tina. Quedarme allí, pensarte. Sentir que eres una persona a quien puedo dedicarle poesías.

Imperfección

Voy a perder la razón, el camino, el amor. Me voy a derretir entre tus sueños y las plantillas de tus zapatos. Cantan los pájaros tan fuerte que no puedo escuchar mi corazón y mi rostro se transforma en el de una extraña que anhela su libertad.

Te olvido mientras me desintegro. Me convierto en ti y entonces desaparezco. Ya no sé como podrás amarme si no hay suficiente espacio en estas fronteras. Los secretos que no te confesé son ahora los abismos entre nuestras almas y la razón. Sin querer me conoces más que cualquier otra persona.

Me vuelvo de cero a éxtasis, redescubro la vida en las cajas abandonadas de cartón. Salgo a jugar y soplar burbujas de jabón para que no te alejes tanto como para desentenderte de mi nombre y mis locuras.

Sin berrinches o risas, hay que nacer y luego morir. Que me desprecies tanto que no haya nada en el mundo que pueda hacer para que dejes de amarme. Si no soy perfecta, no tendrás pretexto para aceptarme como soy. No tendré que responder a la mujer del pedestal sobre tu cama.

No seré una madre, ni seré una amiga. Seré un tórrido romance con la locura y la belleza. Si pierdo todo córtame los brazos de la cintura. Ya no tendrás permiso de tocarme ni de mencionar mi nombre, la necesidad de vivir conmigo se disipará y olvidarás el olor de mi cuerpo en verano sobre las sábanas.

Sin idealizar, eso es lo único que te pido. No me des falsas esperanzas de quien soy o quien eres tú. No voy a fingir que todo esta perfecto, pero si voy a morir si es necesario intentando que seamos felices hasta el último día de este universo.

Sin reproches

Soy feliz, en muchos sentidos me siento satisfecha con la vida que tengo.
Normalmente no diría este tipo de cosas en voz alta, pero hoy me di cuenta que parte de vivirlo es aceptarlo.
Sentirse bien con uno mismo no es algo que tenemos que ocultar bajo la cama como las ocasionales envolturas de golosinas o los primeros rasgos de pubertad en el rostro. Sentir que estas todos los días luchando por las cosas que te hacen sentir vivo me hace notar que estoy orgullosa de las decisiones que he tomado en la vida; a pesar de ser joven y rebelde.

Hoy fue la primera vez en muchos años que me detuve a mirar el pasado.
Desde hace tiempo deje ese hobby, cuando tenía 16 y no tenía mucha suerte con los chicos ni era popular.
Siempre fui rara, me gusta escribir y pintar… leía, que se puede esperar de adolescencias así.
Mis amigas de la secundaria, a quienes aún recuerdo con cariño, me metieron la malicia y me sacaron lo ñoña con las uñas y las lentejuelas. Conocí un par de cosas para las que no estaba preparada, entre ellas un chico que intentó suicidarse y venció. Me hice la pinta varias veces para ir a tomar chela y a fumar atrás de la cancha de fut.

Viajé, vi el mundo y me sentí diminuta. Me avergoncé de mi porque nunca tube sentido de la moda y muchas veces sólo me sentía gorda y fea. Por mi mente cruzó la idea de que jamás amaría o peor aún, sería amada. Dejé que personas sin autoridad me menospreciaran y me hicieran sentir a viva piel mis inseguridades. Me perdí un poco entre el tiempo y las luces de colores. Desafié al destino en más de mil formas para ver si soy inmortal; sentía que sí lo desafiaba con ganas me salvarían si valía la pena.

De muchas cosas nunca estuve segura, entre ellas mi carrera y hasta mi propia vida. Me cuestioné acerca del futuro, varias noches en vela y otras de juerga intentando olvidar lo evidente, desentenderme de mi locura. Todo eso que me hizo sentir como un monstruo me dio la fuerza que necesitaba para conocer al amor de mi vida. Para acercarme sin escudos y decir bien fuerte – aquí estoy – y ya no sentirme invisible. Así es la vida: un instante. La transformación inexplicable de la materia y su espíritu. Dejar de ser alguien y decir con orgullo quien eres.

Me siento feliz. No me siento como esa niña tonta que busca la aprobación de otros o excusas para pedir abrazos. Soy dueña de mi tiempo y vivo para ser y estar con la gente que más amo. Siento que mi barco tiene dirección y que mi corazón tiene un lugar en esta ruleta rusa donde aunque apuesto no pierdo nada porque todo se vale. Me rio de las presiones mundanas que tendría otros días y me impiden dormir. He aprendido a tomarme la vida como es y gozar porque es corta.

Ayer tenía 16 años y una caja de inseguridad. En poco meses cumpliré 25 y me siento bien, en paz. No es que tengo todo lo que quiera, pero sé que tengo todas las herramientas para construir mis sueños; incluyendo esa casa del árbol.

Llegó el día

Me desperté después de un miércoles de ausencia.
Mi cuerpo quedo postrado en una cama y mi alma se escabulló entre las sábanas.
Sentí que había perdido la habilidad de vivir,
que me convertiría en alguien más que no supiera cantar
ni bailar a escondidas en el baño.
La muerte me reta a un siniestro baile,
como pude me arreglé: pintada de boca roja y vestido largo
salí por la tarde a darle su buen merecido.

El tiempo avanzó y con él me dediqué a mi tango.
Con las zapatillas amarradas di fuertes taconazos;
soy la clase de chica que le viene bien el zapateado y las sevillanas.
Al son de la guitarra me enfrento a la usurpadora,
esa mujer de velo que no muestra el rostro enfermo y afligido.

Alegre el grillo canti y canti mientras danzo,
me acompaña con sus brinquitos y sus lindos ojitos amarillos.
La última pirueta se avecina y yo me prepara para el final.
Saco las castañuelas y miro a los ojos a la muerte,
que esa flaca infeliz se largue de mi casa y me regrese el cuerpo al alma.

Ella sabe que no es competencia segura,
una pobre solterona amargada que mejor se va de mi casa.
Al tú por tú con otra que haga menos tango,
con una que no traiga los zapatos boleados y cándida alma.

Primera Inmersión

Volví a nacer. Cerré los ojos y la creación de un mundo nuevo se materializó.
Rayos de luz descomponiense en cámara lenta y derritiendo mis retinas.

Descendemos lento, desterrado de la tierra prometida hacia el espacio.
Aterrada buscando por todas partes vida, desviviendo el pasado para no cometer los mismos errores.
Inimaginable la libertad que sólo sentí dentro del útero de mi madre.

Te busqué entre la oscuridad para tomar tu mano, para grabar en mi memoria tu respirar.
Fue la primera vez que vi con claridad los años grabados en la palma de mi mano.

Desafié los límites y me encontré con esa ancla que tanta falta le hizo a mi barca.
Sentí ganas de naufragar de nuevo sabiendo que tarde o tempra regresaría aquí.

Suspendida entre dos mundos floté para esquivar rocas y las mantarrayas.
Seguí los destellos de tus aletas y me tomé una eternidad para demostrarte que te amo.

Me arriesgue, di un paso hacia adelante y salte de este bello precipicio.
Las corrientes heladas que me abrazaron no fueron suficientes para congelar el fuego de mi alma.
Y de nuevo vencí sin darme cuenta a mis demonios marinos.

Ya no era solo yo. Era una pequeña criatura que flotaba entra la placenta y la nueva realidad que la acogería.
Deseé quedarme a ver como se quiebra el silencio por culpa de las burbujas.
La superficie era el fondo y viceversa, no podía decidir si enfrentaría el presuntuoso mundo exterior.

Fui esa criatura que recupero la memoria de unas cuantas vidas pasadas y esta lista para amar.
Me hice dueña de la verdad, un tiburón incapaz de reconocer los colores del arcoiris.
Fui una sirena, un cantar perdido que retumba entre los corales.
La melodia que se escucha durante el atardecer.