Estamos Locas

Supongo que todas pasamos por esos días en donde odias tu cuerpo y darías todo por ser tres tallas más delgada o simplemente te preguntas por qué fregados te comiste ese chocolate en lugar de la manzana que estaba en el refri. A mi me dan ganas de castigarme y busco la forma de torturarme hasta que termino olvidando el delicioso sabor de aquel chocolate.

Me imagino que ustedes también desearían que la gente que no tiene interés en seguir adelante con cualquier tipo de relación se los dijera y les ahorrara el tiempo y energía que toma perseguirlos. Con eso de que ahora hay whatsapp, mail y múltiples perfiles de redes sociales, una no sabe si es idiota o perseverante.

Todas tenemos de esos días en que no sabes a dónde se fueron las horas. Ya es de noche y pareciera que aún quedan miles de cosas por hacer y que no tienes ni idea de cuándo se avecina un descanso como dios manda.

Odio el silencio repentino que viene acompañado de la apatía y el desgane. Una reunión en pareja, en la cama sin decirnos nada, mientras yo veo cómo le hago para quitarme ese mal humor que no tiene sentido. No sé a qué se deba, pero hay algo que me enoja y me pone rabiosa y, a veces ni idea de cómo explicarle al pobre qué es lo que me pasa.

Sí… creo que todas las mujeres algo tenemos de locas y espero que eso, más que miedo, se les haga adorable. En caso de que no, tendremos que hacernos a la idea de estar solas o esforzarnos por comunicarnos mejor.

A veces no entiendo por qué simplemente no fuimos todas bellas e inteligentes y punto. Por qué  tanto maldito estrés y esfuerzo para estar en forma, ver si subimos en la escalera profesional y de paso pensar en los años mejores para tener hijos. Son demasiadas responsabilidades y además de eso, tenemos que ingeniárnoslas para pasar por seres cuerdos que no van a degollar a su pareja o a su mamá.

Y me atrevo a escribir esto porque creo que el primer paso hacia el cambio es aceptar lo que una tiene de malo. No es que ya mañana no voy hacer rabietas de nada, ni a no encapricharme con una bolsa o unos zapatos para los que no me alcanza la quincena. No… eso no va a pasar. Pero tengo fe, en que si al menos lo digo en voz alta, mis otras compatriotas no me dejarán mentir y dirán con cierto aire de dignidad que ellas también aceptan que las hormonas nos vuelven locas. Entonces podré respirar más a gusto.

Nada se gana ocultando la verdad y no quiero que alguien crea que mi vida es perfecta porque se llevaría una terrible decepción. Tengo los mismos miedos y las mismas dudas que cualquiera, lo diferente de mi fortuna es que siempre he sabido que quien me acompaña en este camino, me tiene bien agarrada de la mano y no me suelta.

Me encanta ser mujer. Es difícil, pero cómo podría renunciar a eso si me encantan tanto los labiales y los tacones… Entiendo bien que todo representa sacrificio y que hasta las más bonitas del mundo, seguro sienten que algo les hace falta. Por eso me quedo con la inteligencia emocional que me permite amarme y aceptarme como soy. Total, todo lo demás pasa, pero esto que llevo adentro ¿quién me lo quita?

No lo quieras todo

Inicié mi carrera como emprendedora a los 23 años; con ganas de comerme el mundo de una mordida y con la idea de que todo era posible. Las empresarias que me conocieron en ese tiempo me decían que yo era “adorable”; que se notaba que no tenía idea de lo que me esperaba. Cuando compartían sus experiencias conmigo, no dejaban pasar la oportunidad de recalcar que sin importar lo que yo hiciera, nunca lo tendría todo.

 

Obviamente ese comentario me sacaba de onda, porque siempre he sido una mujer idealista y positiva, así que hasta me ofendía al escuchar esas palabras. Hoy, a mis 28 años, recuerdo esos momentos con ironía. Y he podido entender y experimentar en carne propia, que en realidad nunca lo he querido todo.

 

¿Por qué?

 

Porque cuando alguien quiere todo, significa que no tiene una motivación. Que no sabe jerarquizar y hacer una lista de prioridades. Y por lo mismo, esa persona se pierde. No tendría nada de malo si a ti no te interesa ser experta en historia del arte, o si no quieres ser mamá o si ya probaste el estilo de vida saludable y no se acopló a tu vida cotidiana.

 

Para cada cosa hay un tiempo. Y hay lugar si conoces el grado de importancia que le quieres dar a las cosas. Si sientes que tu carrera profesional va por delante de la personal, no tienes por qué disculparte con nadie por eso. Igual si elegiste ser mamá de tiempo completo y quedarte en casa, si es lo que quieres, sé honesta contigo y enfócate en eso. Nadie va a acribillarte. Tú decides.

 

Lo que selecciones, hazlo con convicción porque luego vendrán los sacrificios. Y no lo digo como una mártir, al contrario, lo digo con orgullo porque tener claras mis prioridades me ha ayudado a enfocar mi tiempo y mi energía en lo que quiero. Como empresaria he renunciado a la siesta después de comer. Me he perdido fiestas y cumpleaños de amigos y familiares. Me he desvelado para cumplir con las entregas y, a veces he tenido que posponer actividades personales para completar mis tareas. He tenido que aprender a ser disciplinada en mis hábitos diarios y para cumplir mis sueños he sacrificado horas de ocio. Me he quedado sin cobrar sueldo para pagar a mis colaboradores. He tenido que dar la cara por errores de terceros y me han insultado personas que no tenían el derecho de hablarme así, pero aguanté.

 

No soy madre y por el momento entre mis planes no está iniciar una familia porque no tengo forma de ofrecer el tiempo que un hijo requiere. He escogido sin dudar a un sólo hombre para compartir mi vida y me siento feliz. Me he caído y me he equivocado, pero aprendí de eso y me levanté. Sigo buscando nuevas formas de superarme y me disculpo con los que he fallado porque no les pude dedicar tiempo. Tuve que renunciar a hobbies para enfocarme. Acepté mis imperfecciones y aprendí a quererme como soy; con la cara y el cuerpo que Dios me dio.

No lo tengo todo y ciertamente no lo necesito. No lo quiero todo pero quiero todo lo que tengo.

¡Gracias a la vida que me ha enseñado a luchar para obtener. Inhalo para encontrarme con mi fuerza interior. Decreto que creo, y puedo crear la oportunidad que necesito!

Mujeres, tengamos valor para decir lo que pensamos; de escoger lo que queremos; de ser quienes somos. Vayamos en busca de lo nuestro, sin dejarnos atrapar con estereotipos de género y belleza.

Reciban un gran abrazo,

Amelia