La Envidia

El fenómeno de “no alegrarnos por los demás” siempre me ha llamado la atención.
Y puedo decir que lo desarrollamos desde nuestra infancia. Lo vivimos cuando tenemos la compañera que viene a clases con todo el kit de Hello Kitty, y las demás apenas y teníamos una caja de colores. Obvio, desde allí sembramos esa semilla de “maldita, yo quisiera”. Luego vienen cosas más complejas, como desear el trabajo de otro o simplemente desear que al compañero que le va bien, le vaya mal.

Esa semilla de envidia, crece dentro de nosotros y más tarde nos impide trabajar en equipo y nos llena de rencor que poco a poco nos aleja de los demás. Las personas que verdaderamente saben colaborar y están comprometidas con su desarrollo, apuestan por el ganar-ganar y no añoran lo ajeno sino que construyen lo propio.

Los mexicanos contamos el chiste de los cangrejos que estaban en el fondo de un balde, queriendo todos salir de allí; pero que en lugar de ayudarse, cada vez que uno lograba casi alcanzar la cima, los demás lo jalaban hacia abajo nuevamente. Esto se debe a la estructura de una sociedad muy cerrada y a la falta de visión triunfadora. Todos queremos ser el jefe máximo y pensamos que para lograrlo tenemos que aplastar a los demás; desearle el mal a esa persona que tiene más ideas o más cosas que nosotros.

Dicen los investigadores que esto se llama el “fenómeno de la casa llena”. Un lugar en donde los roles están tan marcados que sólo un puñado muy selecto alcanzarán la fama y la fortuna que todos deseamos. Esa sensación de incapacidad para lograr lo que anhelamos, nos ha vuelto un país de envidiosos y de seres poco productivos y muy reactivos.

No puedo decir que jamás he sentido envidia, al contrario, sí me ha pasado. Y ese sentimiento siempre me hacía sentir mal. Entonces me di cuenta que podía cambiar esa envidia o cualquier sentimiento negativo que pasara por mi mente, simplemente respirando y haciendo conciencia de que ese pensamiento me hacía daño. La realidad es que no me agrada el fracaso de otros porque eso conlleva a una sociedad mediocre. La verdad es que entre más ecosistemas de personas creativas, felices y realizadas logremos; mucho más rápido erradicaremos cualquier tipo de sentimientos negativos.

Hay que ser agradecidos. Hay que dejar de compararnos con otros, porque tampoco la vida de los demás es perfecta. Si llego a sentir que merezco más, tendré que luchar más y hacer todo lo posible para lograr superar mis propios horizontes. Intentemos cambiar nuestro enfoque negativo por uno positivo. Así, en lugar de envidiar, nos motivaremos a seguir adelante porque veremos a otras personas lograr lo que nosotros también queremos.

Mi recomendación es que aprendamos a trabajar en equipos; que hagamos alianzas estratégicas, que tengamos objetivos y metas claras. Para triunfar se necesita conocimiento, perseverancia y ante todo, humildad para dejar las pretensiones y los sentimientos negativos. Una persona feliz es una persona productiva.

Saludos

A

Llegará el Sí.

Me siento muy agradecida porque la vida me siguió dando la oportunidad de disfrutar de la gente que quiero y de hacer lo que más me gusta.

A veces uno no puede ver todo lo bueno que le pasa porque sólo se concentra en las cosas que salen mal. Mi vida no es la excepción, no es perfecta y muchas veces las cosas no salen como me gustarían, pero entiendo que se debe a que hay un plan mayor.

Y que ironía… este fin de semana, que en verdad fue de esos estupendos que pasas divertido y en contacto con la naturaleza, se nubló al recibir los resultados de una convocatoria que tenía esperando más de un mes. La idea era ganar una beca para ir a Colombia a pulir mis guiones, pero la suerte no me sonrió en esta ocasión y al abrir el correo descubrí que ese no era mi destino.

¿Por qué les comparto esto? La respuesta es muy simple, no me da pena fracasar. Supongo que muchas veces intentamos ocultar nuestros deseos y nuestras metas, pero no yo. Llevo 5 años emprendiendo mi propio negocio y les confieso que también en el he fracasado. Clientes me han cerrado la puerta, mucha gente me ha rechazado, colaboradores se han ido y a algunas veces hasta la luz nos han cortado. La vida no es perfecta, pero no importa, porque tampoco nosotros.

Yo no me canso de intentarlo, así como tampoco me cansaré de escribir o de soñar. Este es un ejercicio de humildad, de retrospección. No quiero pretender que todo el tiempo soy feliz o que tengo todo lo que quiero. Lo único que se es que la vida que llevo es una vida que he luchado por construir y eso nadie puede quitármelo. He aprendido a ser feliz sin importar lo que ocurra, porque a veces no dejamos llevar por la tristeza y olvidamos todo lo que tenemos.

Esa noche que abrí el correo y hojeé entre los elegidos mi nombre me puse triste. Tenía ganas de saber que exactamente no les había gustado de mi guión y luego me enojé porque nunca lo sabría. El paraíso se me esfumó, ya no podía ver sus colores, sentía que perdía la fe en mi. Después de un rato recapacité. Me di un baño caliente y reflexioné. De nuevo me sentí valiente por intentar, por no rendirme. Esta no era la única ni la última vez que alguien me decía que no; pero ciertamente me dio fortaleza y esperanza recordar que ya han existido muchos “Sí” y que con determinación, no hay día que no esté más cerca de ellos.