El Sueter Viejo

Mi mamá siempre me dice que limpie mi closet, que haga espacio para las cosas buenas de la vida.
Repasa los colores gastados de mis camisas, patea las chanclas que se han echo viejas en la espera de nuevas aventuras. Normalmente no me quejaría tanto de esa simple petición, pero siempre queda una cosa que conservas sólo por remordimiento: el sueter viejo.

Cada vez que se termina la temporada es la misma cantaleta. Los reproches y los jalones de pelos causados por mi desovedienza y las excusas que invento para quedarme con él so innecesarias, en el fondo es un objeto despreciable.

Me lo pruebo, eso que más da. Cada vez me queda más corto porque he crecido a pesar de lo mucho que me dolido hacerlo. Sus colores han perdido la calidez. Ya no hay corazón que se refleje en sus tejidos y el opaco deseo de la envidia a mis otros vestidos le ha carcomido el espíritu que una vez existió. Cansado ha sido el camino de descifrar sus posibles combinaciones, su carencia de forma y estilo han resultado evidentes.

Me miro con el sueter puesto una última vez. Ya no lo quiero. Las remembranzas de mi vida no requieren un amuleto de mal agüero ni de un buitre mensajero que vive acechando en la esquina de mi armario. Que desilusión… me tomó tiempo decidir que era momento para otros de disfrutarlo, personas con un toque más azul o melancólicos, personas que vean prioridades distintas a las mías reflejadas en sus prendas.

Me lo sacó. Como se saca un guerrero un arpón de batalla. Lo arrojo al piso como si se tratara de veneno para ratas. Abrazo a mi madre, no hace falta que le diga lo que siento ella conoce bien este sentimiento.

Para Mirthes

Me recordó a mi abuela, a la única.

Su departamento era acogedor. Cada rincón tenía un toque maternal. El comedor me produjo cierta nostalgia por el pasado. Como una larga tonada clásica que se transforma en una modernidad que ahora contemplo en tonalidades moradas.

Recorro los coloridos surcos del tapete con los tentáculos de mi imaginación. Aspiro hondo en busca de su perfume, de sus verdes ojos que se han azulado en el rostro de mi querida Gabriela.

Me alejé del cuadro. Brinqué del precipicio de este alto edificio. Me ausenté de la cena porque lo que más me cautivó fue su normalidad; los entrelazados caminos del destino a quienes regalo girasoles.

La busqué. La busqué en medio de un mundo de extraños. En sus detalles y los cuchicheos. Descifré su verdad y les escribí un soneto para cantarlo antes de dormir.

Me dieron ganas de abrazarla, de contarle que me he enamorado. Quisiera que pudiera hablar con él a pesar de no poder escuchar bien sus palabras. Me dieron ganas de traer mis colores; de ponerle dorados y naranjas al cielo gris para pensar que ella me sonríe mientras nos besamos.

Carta del Viaje Espacial

Encontré la libertad que dejaste junto a mis zapatos hace 24 años. Hice un mapa del mundo para trazar mis rutas trasatlánticas y dejarte dicho que un día volvería con ganas de contártelo todo.

Guardé tu voz dentro de una caja de música que escuché en mis sueños. Me acompañó como amuleto en esos días de batallas, me calmó las heridas y silenció los aullidos de la agonía.

Tu recuerdo se volvió mi fortaleza, me dio certeza para vivir sin cuestionar mi procedencia, mi verdad. Me enseñaste a apartarme del mundo y no buscar un comparativo; ahora entiendo que seamos mágicos extraterrestres. Me devolviste la confianza y no dudas nunca de lo que soy capaz; te agradezco que no limitaras mis pensamientos y me dejaras ser.

Hoy, se iluminó mi camino y me di cuenta de lo que era obvio, me sentí mal por los pleitos y las malas palabras, sentí nostalgia por las risas y las cenas en la cocina. Valoré la vida y me dieron ganas de decirte cuanto te amo, decirte que eres mi modelo a seguir y la persona en quien mido mis propia huellas.

Siento mucho si alguna vez te mentí, si no medí mi calidad humana y atenté contra el bello regalo de la vida. No me preguntes porque pero hoy entiendo bien la mortalidad y me aterra pensar que no este haciendo algo extraordinario con mi tiempo.

Te envío besos espaciales que te darán las estrellas, cálidos abrazos que sentirás si las gotas de lluvia caen sobre tus hombros. Soy feliz quiero que lo sepas, que te siento a mi lado a pesar del dolor que se ha dio borrando; me siento distinta sin ese órgano enfermo que ahora ya tiene derecho a ser parte de mi.