Cinefilia

Ya pasaron unos días desde que terminé el Laboratorio Internacional de Guión que organiza la corporación Cinefilia en Santa Fe de Antoquía Colombia, pero aún quedan varios sentimientos que no puedo expresar.

Antes de aplicar para el año que entra, te será de utilidad saber que aunque uno de los objetivos es trabajar sobre tu proyecto y mejorarlo, este taller termina cambiando tu vida. Suena radical, y para algunos un poco exagerado, pero no… yo les aseguro que si viven esto, entenderán a lo que me refiero.

Es sencillo, voy a intentar ponerlo en las palabras más claras, no dejen de leer.

Escribir, como cualquier forma de expresión artística es un escape emocional. Una persona que dibuja, que declama, que esculpe… lo más probable es que lo haga para entender su vida, su mundo.

Vamos al cine a encontrar respuestas. Todos tenemos problemas, todos estamos intentando de una u otra forma aprender a vivir.

Nos confrontamos. Entre líneas vamos lidiando con traumas y dolores, es como poner una bati señal en el cielo y llamar de forma discreta a otros, hasta que nos congreguemos y podamos compartir nuestras angustias.

Muchas veces no somos conscientes de nuestras acciones. Por lo mismo nuestros personajes principales carecen de fuerza y personalidad.

Se nos da la oportunidad de aprender de otros, de ser espejos y reflejos de ellos.

Pura honestidad, nadie va a decirte “que lindo” sólo por hacerte sentir bien.

Sufres, pero también ríes. Encuentras esa vulnerabilidad.

Descubres que no estás solo en tus frustraciones, que escribir un guión no es cualquier cosa.

Se me invita a terminar con la censura personal, da lo mismo que piensen que estás un poco loca a que estás completamente deschavetada.

Fue bello encontrarme en otros, aunque solo fuera por un momento… Así es la iluminación: un instante. 

Experiencias así me hacen cuestionarme acerca de la vida, de mis decisiones. ¿Cuántas de ellas habrán sido causadas y cuántas serán netamente mías? Reencontrarme con ese dolor; mirar de frente traumas que viven flotando en mi pre-conciencia y confrontarlos. No me considero valiente, al contrario. Tal parece que mi historia personal sea una herencia más dura y un abandono… Pero bueno, una intenta y se cae y luego se levanta. Luego descubres que vivir es un proceso en donde la motivación aparente es sólo una máscara que ocultaba el verdadero deseo que yace en tu interior. 

Me he tenido que ir inventando un montón de personajes para ir superando una a una las circunstancias de la vida. Desafortunadamente aún no he logrado comprender nada y solo quizá… Me volví víctima de mi propia ironía. Ahora y no puedo regresar a resguardarme en esa ignorancia, ahora vuelvo a enfrentarme a la computadora y terminar de una buena vez esa historia.

Punto Final

Busqué la forma de ponerle punto final a la historia. Me esmeré en crear personajes que fueran creíbles, los huecos que tengan serán evidentes para los espectadores.

Me abrí con el cuchillo más filoso de la cocina y corté una circunferencia sobre mi estómago. Comencé a jalar mis intestinos poco a poco mientras presenciaba el lento desangrar de mis entrañas. La verdad me produjo náuseas que inundaron la cocina con restos de mi desayuno y mi pubertad. Me fui quitando todas las costras de mis heridas para ver si llegaba al fondo del misterio, deseaba confrontar mi carne trémula y putrefacta; ver si sería capaz de poner un final a este cuento.

Los escenarios fueron justo los mismos. La memoria es un terrorífico lugar para dejar guardados los recuerdos. Podía olor el ático donde acumuló todas sus pertenencias y repasé con la yema del dedo el polvo sobre los muebles. El tiempo se suspendió y ahora duerme sobre la amaca que él construyó con cuidado y metodismo. Cubrió las paredes con dibujos preescolares y me mando a cenar con la barriga vacía. Me dijo que iría a darme las buenas noches pero pasaron 20 años de eso.

Me torturé con el pasado como hice cada noche antes de rezar un padre nuestro. No me comí las uñas porque serían mi única herramienta para escarbar el agujero por el que escaparía. Procuré que no se hiciera tarde para terminar de contarle a todos como terminó mi relato. Imaginé como sería su rostro al grado que se ha convertido en pesadilla latente. Transito a medias las calles que fui armando para seguirte hasta la casa donde he de abandonarte y con eso a mi locura. Concluí sin cobardía sabiendo que tendría que enfrentarte otro día en el infierno.

Fotografía: Diego Caballero