Demente

Veo como tus pecas se despintan y luego se trasforman en navajas que me cortan el pecho. El aliento me falta para reponerme de una decepción y tomamos turnos para comer porque has perdido la fe en mí.

Discúlpame por todo el dramatismo, por la bipolaridad de mis frágiles pensamientos. Trapeo el piso del vestíbulo con lágrimas que a nadie le hacen falta, un llanto carente de sentido. Perdóname si no entiendes la forma en la que te amo, en la que sufro al sentirte lejos de mi cuando te pierdes en la diminuta cocina.

Me rasco las heridas frescas y dejo que se desangren para ver si me termino, si me voy a donde no tenga que ver como me desprecias. Sé que detestas que sea fatalista, que ponga punto final a las cosas como si fuera una cobarde; una mujer distinta de la que amas. Lo más horrendo de todo es que sé que será mi culpa que te vayas un día de estos. Lamento que tengas que soportar mi arranques y te repito que ninguno de ellos es para ti, lástima que no supe dejar eso en claro cuando yo misma te empuje lejos de mi.

El polvo de las estrellas cae sobre tu espalda desnuda que sueño con delinear. Fantaseo con tu cálido cuerpo y tu tersa piel. Miro por la ventana y mejor me oculto en la habitación que solemos compartir para que nadie más me vea llorar. Desquiciados y poco pertinentes son mis alaridos, las llagas punzantes de mi espíritu han agujerado lo que era bello y puro.

Quisiera que vinieras a verme, que me tomaras entre tus brazos y que me dijeras que aún me quieres. El orgullo es un viejo sombrero que vendí por la mañana a 150 pesos junto con otros 2 artículos rotos, pero eso no te traerá de vuelta de ese planeta llamado exilio.

Te amo. Amo tus cabellos dorados que adornan los días de mi caótica existencia. Eres las partículas de las que está hecha mi felicidad y el desierto amarillo donde me pierde y me desencuentro. Pasaría si fuera necesario tres vidas postrada en la cama junto a ti y te escribiría largos sonetos para que construyamos tu casa o mi tuba.

Sálvame de la prisión que es mi mente, desátame de estas cuerdas que se llaman fracaso y desviste mis ojos para que vean el mundo que sólo puede ser tuyo. Ya no quiero ser esa demente mujer que desconozco, quiero ser tu amante y tomarte locamente cuando muerda tu cuello por la noche en nuestra cama.

Si el viento me lo pide

Somos el reflejo de un otoño largo y cansado, el suspiro de un cálido verano del que me hubiera gustado guardar algún nítido recuerdo. Esos días que caminé por la playa sin sandalias para sentir la arena y rabiar de manera descomunal al notar mi verdadera diminuta dimensión.

Un helado invierno, cortante y sinuoso, ventiscas arrolladoras que congelan mis lágrimas. Soy un espejismo, soy una irrealidad, soy la muerte. Primavera, retoño y vivacidad que espero no perder o estar derrochando de más. Me siento como un niña extraviada en medio de la floresta, me siento indiferente ante las penetrantes miradas de estos mutantes que se dejan llamar humanos, me siento capaz de perder la razón si el viento me lo pide.

Vaya tiempo… vaya hombre, vaya condena.

Soneto

Te miro de lejos con ganas de no quebrar tus alas, de no robarte el aire que ha de empujarte otro día lejos de mí. Aún aguardo paciente por noticias que traerá el viento a su debido tiempo, si es necesario tomar un píldora, que elijan por mi.

Yo estoy agotada y sin comprender a quien debo ocultarle las cosas que siento. Camino con los ojos cerrados por una vereda angosta con temor de caer al río del que nadie ha de rescatarme. Lucho contra dragones en los intermedios de las películas, ironía que sean románticas, infame que haya dejado que otros las escriban para mí. En el fondo ya había perdido la esperanza de encontrarnos porque no estaba segura si tendría que mostrarme honesta o viviríamos montados en una farsa.

Inerte como una hoja que cae de los árboles muertos de mis otoños, te rejunto con cuidado para no hacerte polvo antes de que toques el suelo. Te acerco a mis labios para empaparte con sus recuerdos, para mentirte sin tregua acerca de su verdadero paradero.

Apago la luna para que no nos moleste esta noche antes de que aúllen los lobos. Te transformas de camino a tu estudio en 20 criaturas distintas. Quieres engañarme y confundirme con tu verdadera naturaleza, dices ser un hombre pero a veces te observo y no estoy tan segura. Mi fascinación por ti y tus largas extremidades me ha trastornado de tal forma que no se si podré querer a otros después de ti. Si aprenderá a separar el tiempo y conocerte real sin cuestionarme.

Quiero entender que has hecho y donde has estado. Darte la oportunidad de que me muestres tu alma sin antes juzgarla para que no te sientas en desventaja. Hablaré con tus secretos arrumbados en los cajones que iré desempolvando para guardar nuevos que puedas contar a tu madre.

Sin querer me haces salir de mis casillas, de ese centro cómodo donde no pueden herirme aquellos que me adoran. Me resigno y dejo mis zapatos junto a la puerta. Tengo que ser de carne y hueso para poder morir, tengo que llorar durante el verano para que germine la cosecha en los áridos campos, tengo que ser vulnerable si quiero algún día volver amar.

Te dejo a solas en la otra habitación para que medites acerca del silencio. Dormiré en tu cama como la guardiana de tus sabanas y lo demás lo ocultaré bajo la cama.