Que Amanezca

Me despertó la vida con su olor a mañana fresca de invierno. Con el cantar de los ruiseñores y los dulces besos que me da encamada sobre la espalda.

No fui más un espejismo. Me hice real al salir de las cobijas. La angustia no tuvo forma de devorarme y la juventud me aguantó bajo los ojos donde antes se hacían arrugas.

Los rizos regresaron del espacio. Fui fuerte y afronté las malas noticias. Me levanté de la cama y canté con mi buen amante. La vida me siguió mirando desde la esquina y me sedujo con un poco de azar. Rodamos por el piso de madera como niños, he hicimos el amor como bestias apoderadas del instinto.

Abrí los ojos y descubrí la imperfección de mis planes, los huecos en mis calcetines y las carencias de mi carácter. Real fue el único adjetivo que me dieron y con ellos me liberé de todo lo otro.

Canté y canté, lloré de alegría. Amaneció en medio de la oscuridad y cuando todo fue comprendido por mí, desaparecí y continué aquí.

Sin Vivir un Día

Lo perdí entre el equipaje de mano en un lejano aeropuerto.
Me dormí con los sueños en la mano en la espera de que regresara a mi.
El temor se cansó de ser mi compañero y me imploró que viviera un poco.
Que persiguiera mis sueños y que no voltiara a ver el reloj;
a ese mendigo día no lo vuelvo a ver.

Listas y ruegos pegadas en la suela del zapato,
un mal acordeón de secundaria, o como diría mi profe de lite,
un tremendo engaño al entendimiento y la moral.

Despierto sin dolor en las manos,
ya no colgaré más del pasamanos,
ni jugaré en el parque porque duele pensar que se tiene 6 años.
Si no tengo nada de lo que tenía previsto avanzando en los años,
es porque nada de eso era para mi.

Desvelos y vida, medito y deambulo por las calles del cielo.
Sin rugires de dragones o últimos suspiros ando,
si me quedo estatica me convierto en polvo.

¿A dónde vas día perdido?
¿En dónde cantas o sólo te escondes?

Que el anhelo sea más fuerte que la desdicha,
que la realización salga del corazón y no de la suerte.
No regreses a mi vida querido,
que sólo me interesan los días ganados.

Por último te pido que no me obligues a extrañarte,
que en tu misterio encuentres mi aliento,
que llegues al lecho de otra que te haga más feliz que yo.

Ganar o perder

Hacía tiempo que no me quedaba en cama toda la mañana.
Le hace bien al alma un poco de espacio,
para asimilar las malas noticias y
los desacuerdos de la vida.

Millones de individuos como yo,
millones que buscan las mismas cosas,
que son mejores que yo,
que son hasta más jóvenes.
Gente que también se despierta
y piensa que es especial,
que ganará la partida por añadidura.

No importa quien me diga que no seré suficiente,
que me llamen perdedora,
o que vean mi trayectoria como una bobería.
Seguiré intentando y seguiré con la frente en alto.
Tendré fé y amaré con todo lo que me quede.

Seguiré adelante porque al final del tiempo,
cuando todos esten agotados,
yo seguiré en contra de los truenos
y de aquellos que me dieron la espalda.

El triunfo será el sudor de mi frente,
la colección de besos tuyos saltamontes,
la vida que habré vivido sin reservas,
la alegría con la que termine mis días.

Hoy no corro

Si me diera permiso saldría corriendo
y me ocultaría entre las sábanas.
Viviría en un cueva de luces
y no volvería a cumplir años jamás.

No sería grande ni de verdad.
Recolectaría mis desesperaciones
y las arrojaría a la chimenea
para calentarme una noche más.

Bailaría en mis ratos libres
y caminaría entre las calles prometidas
de un París que no olvido.
Me aferraría a esos días
en la ciudad de mi juventud.

Me borraría de las líneas de esta poesía.

No existo hoy.
No hablo hoy.
No sé nada hoy.

El mundo me lastima con guante blanco y prueba mi fe.

Dichoso el traidor que jala el tapete de bienvenida,
que ría fuerte mientras me hiere.
San Judas arrópalo en su cama
Y dale un beso en la mejilla
Yo no me daré permiso de huir.

Que mi creatividad surja
Del seno de una tragedia
Desahuciada el alma se sublima,
Derrotada renace de las cenizas.

Que nos contentemos con las Libélulas

Como comerse a luna y luego irse en balde. Callar mientras afilamos las navajas con las que extirpamos las entrañas de nuestros oponentes. Sin decirme que piensas sé que mis intenciones afloran en lo más profundo de nuestra alcoba y de nuevo nos retorcemos para ver como nos contentamos con las libélulas.

Tomo el oso de felpa y lo pongo entre mis patas, no hace falta que se azote la puerta escucho tu indiferencia correr por la cañería del edificio. Me duele no encontrarte a medio camino, no poderme callar las cosas estúpidas que a veces pienso a proposito para herirte. Para que no te vayas con nadie que pueda quererte más que yo, alguien que descubra que mi única magia es amarte.

Masco con la boca abierta porque se que atraeré tu atención. Cuando me mires a los ojos te dire la verdad bien quedito y haremos como que nunca pasó porque sabes que soy orgullosa. Mala suerte la tuya querido, haberte enamorado de una loca cualquiera. Estacionamos el sueño afuera del depto. Timbramos sin que nadie nos abra o nos arrojen cubetazos de agua. Te imagino partiendo y llevándotelo todo, seguro hasta los recuerdos se irían contigo porque eres más elocuente y bondadoso; yo siempre será hiriente y convenciera… al menos eso dice Perla.

Me disculpo a mi manera por entrometida. No es mi lugar decirte nada de lo que pasa en esta loca cabeza mía. Tú sabes bien lo que no salió bien y las consecuencias que hubieron. Si tengo o no la razón, te pido que dejemos para otra vida los reproches. Te robo un beso. El más dulce, el más apasionado. Ése condenado que siempre te grita que soy tuya.

Mañana de Lluvias

Aún no despierto del todo, sigo escuchando los ruidos de mis sueños.
La realidad se acorta y se abre paso entre las fantasías,
entre los sonidos de la mañana y los motores encendidos.

Salto de la cama como si se tratara de un fugitivo,
la oscuridad me acaricia mientras mi amante descansa.
Los rayos de sol hoy no alcanzan a salir,
una tierna transición entre la noche y la madrugada.

Los faros de la ciudad están tan confundidos como yo,
sin saber que cuando apeguen la flama ya no existirán.
Me re-encuentro con los pantalones a medio camino,
dimensiones distintas la de esta cabeza y este piso.
Proclamando anti natural lo que cubra los símbolos de la vida,
y sin embargo no hay existencia sin complejas reglas de urbanidad.

Las calles me gritan tantos secretos a la vez
que declaro mi incompetencia para comprenderlas.
Rostros urbanos y molestos que no se que puedan llegar a significar.
Me concentro en brincar los charcos y llenar de lodo mis botas vaqueras.
Si no tuviera la entereza necesaria para eso, la vida sería la que no tiene sentido.

El Festín

Enredo en mi tenedor los fideos, le soplo.
Voy desmenuzando los latidos de mi corazón,
me disponga a darle un bocado a la vida.

Acaricio sin que noten la fina porcelana,
encuentro sus imperfecciones, las alabo.
Me quito los zapatos por debajo de la mesa y
coqueteo con el tiempo que me guiña el ojo desde lejos.

Aborazada me lo como todo.
A nadie más le corresponde,
ordené cada uno de esos platillos y
siempre tuve la intención de terminarlos.

Pedí café con todo y mi cuenta,
no le debo nada a nadie porque
no acepto en vano favores ni regateo.

No acepto de extraños desaires ni penas,
le voltea al hambre la cara y sigo mis sueños.
Bocado más exquisito que el triunfo no he probado,
delicia más grande que la alegría no quiero.

Desilution

Solo hizo falta hacer una pregunta; lo demás vino solo.
Cuando fui con la intención de indagar dentro de su alma,
jamás pensé que llegaría a ese lugar donde los arroyos desembocan y se rompen.
No pensé que corría detrás de los autos que siempre se llevaron a las personas que no les dijimos adiós.

A lo lejos puede escuchar como se caían las ojas de los árboles
y vi como se alejaban los pañuelos de mi mano.
Divididas por una barrera de dos años y medio de entendimiento,
se quedó el discurso tirado en el suelo;
le pedí que no subiera los pies a la mesa, pero para eso era tarde.
Lo único que pensé es que fueron demasiados viajes de ida y vuelta y viceversa.

Dije un par de cosas, nada relevante.
Me sorprendió saber perfecto a que sabían los caramelos dentro de la bola de cristal,
a que sabe la desesperación cuando viene acompañada de desilusiones.
Mi reflejo se perdió entre el de ella y luego con el de él.
Corrí habriéndome paso entre los espejos para no perder de vista su silueta.
Me tropecé contra un muro de contención invisible que me permitió ver su total destrucción.

Pobre niña tierna que explota en mil pedazos.
Extrañaré el vibrante color de tus ojos y sus húmedos labios.
Recogeré del piso su prendedor y me ire a dormir temprano
porque siempre me dan nauseas las entrañas regadas en el suelo.

Llegó el día

Me desperté después de un miércoles de ausencia.
Mi cuerpo quedo postrado en una cama y mi alma se escabulló entre las sábanas.
Sentí que había perdido la habilidad de vivir,
que me convertiría en alguien más que no supiera cantar
ni bailar a escondidas en el baño.
La muerte me reta a un siniestro baile,
como pude me arreglé: pintada de boca roja y vestido largo
salí por la tarde a darle su buen merecido.

El tiempo avanzó y con él me dediqué a mi tango.
Con las zapatillas amarradas di fuertes taconazos;
soy la clase de chica que le viene bien el zapateado y las sevillanas.
Al son de la guitarra me enfrento a la usurpadora,
esa mujer de velo que no muestra el rostro enfermo y afligido.

Alegre el grillo canti y canti mientras danzo,
me acompaña con sus brinquitos y sus lindos ojitos amarillos.
La última pirueta se avecina y yo me prepara para el final.
Saco las castañuelas y miro a los ojos a la muerte,
que esa flaca infeliz se largue de mi casa y me regrese el cuerpo al alma.

Ella sabe que no es competencia segura,
una pobre solterona amargada que mejor se va de mi casa.
Al tú por tú con otra que haga menos tango,
con una que no traiga los zapatos boleados y cándida alma.

Primera Inmersión

Volví a nacer. Cerré los ojos y la creación de un mundo nuevo se materializó.
Rayos de luz descomponiense en cámara lenta y derritiendo mis retinas.

Descendemos lento, desterrado de la tierra prometida hacia el espacio.
Aterrada buscando por todas partes vida, desviviendo el pasado para no cometer los mismos errores.
Inimaginable la libertad que sólo sentí dentro del útero de mi madre.

Te busqué entre la oscuridad para tomar tu mano, para grabar en mi memoria tu respirar.
Fue la primera vez que vi con claridad los años grabados en la palma de mi mano.

Desafié los límites y me encontré con esa ancla que tanta falta le hizo a mi barca.
Sentí ganas de naufragar de nuevo sabiendo que tarde o tempra regresaría aquí.

Suspendida entre dos mundos floté para esquivar rocas y las mantarrayas.
Seguí los destellos de tus aletas y me tomé una eternidad para demostrarte que te amo.

Me arriesgue, di un paso hacia adelante y salte de este bello precipicio.
Las corrientes heladas que me abrazaron no fueron suficientes para congelar el fuego de mi alma.
Y de nuevo vencí sin darme cuenta a mis demonios marinos.

Ya no era solo yo. Era una pequeña criatura que flotaba entra la placenta y la nueva realidad que la acogería.
Deseé quedarme a ver como se quiebra el silencio por culpa de las burbujas.
La superficie era el fondo y viceversa, no podía decidir si enfrentaría el presuntuoso mundo exterior.

Fui esa criatura que recupero la memoria de unas cuantas vidas pasadas y esta lista para amar.
Me hice dueña de la verdad, un tiburón incapaz de reconocer los colores del arcoiris.
Fui una sirena, un cantar perdido que retumba entre los corales.
La melodia que se escucha durante el atardecer.

Tres días y medio de lluvia

Con botas de hule para brincar en los charcos,
las calcetas de colores y descombinadas como usaba mi abuela.
Sin nada que ocultarle a la lluvia que canta mientras cae desde la copas de los árboles,
sin resentimientos ni rencores de vidas pasadas.

Cierro los ojos. Mis pestañas tocan el techo y
mi rostro revive después de una muerte anunciada.
Despego de la suela las mentiras aplastadas y
saco de la funda los trapos viejos que no me permitieron dormir.

Escucho el silencio. A los carros que pasan, a los niños que ríen.
Juego con mi dedo en tu cabello.
Te confieso uno de mis secretos que bien conoces y
cuento tus pecas mientras camino sobre tu espalda.

Contamos las gotas que se cuelgan del vidrio.
Ilumino las nubes con crayones y me siento de nuevo libre.
Hago a un lado mis convicciones y me despido del monstruo que fui.
Al fin lograré desvanecer mi penosa pasión y
seré la persona que quiera, la que soy el día de hoy.

Haré las pases con el tiempo.
Le pondré un pedestal sobre la mesa de noche.
Inventaré leyendas y acariciaré tus sueños para que sepas cuando
duele caer desde el cielo.