Inspiración

Adulthood

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Llegué a pensar que nada me importaba tanto. Era joven, supongo que eso influía. Pasaba las noches en vela y bailaba hasta que la música se difuminaba en el horizonte. Los párpados me alegaban y yo jamás les hice caso. Me aterraba perderme algo de la vida, desaparecer inesperadamente y no tener idea de los secretos que aguardaba las jóvenes noches de esos años de rebeldía.

Sentía que nada podía sucederme, que era inmortal. Había cierta prisa por crecer, por entender las cosas de las que hablaban los adultos. Nunca se me ocurrió pensar que muchos de ellos no dicen nada y sólo se miran molestos y decepcionados, como si otros tuvieran la culpa de ser el reflejo de todas esas cosas que no fueron.

Cuántas veces escuché esas mismas frases de madre preocupada, donde me aseguraron que para ser adulta tendría toda la vida, que mejor disfrutara ser niña y me fuera a jugar con mis muñecas. En lugar de eso me las ingenié para salirme de mi casa por la ventana y perder la inocencia con cuentos de a peso. De nada de eso me arrepiento, pero ahora no entiendo en dónde queda lugar para esa vida… o simplemente fue una de esas siete vidas que tuve.

Añoré varios días tener otro rostro, ser otra persona. Ser distinta me dolía y ya no sabía en dónde podía ocultarme. A mi padre lo busqué hasta que nos encontramos y me di cuenta de que no nos conocíamos, y que eso no era culpa de mi madre por dejarlo, era simplemente que fue más sencillo extrañarnos que conocernos. A mi madre le vi ir a trabajar mientras le hacía promesas de que encontraría la forma de hacerme la comida. Me volví extrañamente independiente, porque no quería herirla. Muchas veces me quedé contenida en la puerta de la entrada con ganas de pedirle que se quedara, pero no lo hice porque parte de mí sabía, que ella no podría con esa carga.

Lo abandoné todo y vine a esta ciudad a reinventarme. No quería decirle a nadie quién era y esperaba que nadie lo notara, porque es difícil explicar la ausencia. Desconocía tantas cosas del mundo, que por primera vez en muchos años extrañé el mar y rogué porque vinieran un par de olas a derretírseme en los pies.

Deambulé más de una vez por las calles esperando a que algo ocurriera. Total, no tenía miedo porque sentía que no había nada que perder. Eso no se siente bonito, y no creo que nadie deba sentirse así alguna vez. La vida no es cualquier cosa, y si al menos hay oportunidad de seguir aquí no deberíamos salir a retar al destino porque puede ser que en una de esas, sí lo perdamos todo. Cada vez el tiempo transcurrió más rápido. No sé si era mi culpa, si interiormente tenía prisa de llegar a alguna parte, pero así fue.

Heme aquí acostada repitiendo con gusto el pasado, pero ya sin heridas. Me siento completa y con el más grande temor de que todo se pueda fugar. Me atemoriza pensar que puedan venir a cobrarme los desdenes y las tonterías. Que ya no me imagino un día sin estos ojos, sin esta boca, sin el calor del sol junto a mí. Me da gusto que los años hayan pasado y que ya no me dé pena decir que no, o hablar con alguien y confrontarlo. Me alegra que ya no tengo que ocultar las cosas que me gustan, y que mi confianza en mí va creciendo lentamente. No me importa si aún no llego a la cima de la montaña, no es lo que quiero, quiero que de ahora en adelante el viaje sea un poco más lento para disfrutarlo con todo lo que tengo. Quiero irme deteniendo y mirar el horizonte en lugar de borrarlo, como cuando era más joven. Quiero hacerme vieja junto a la persona que amo y nuestro gato, haciendo un montón de tonterías para tener de que reírnos, y que de ahora en adelante, si recuerdo mi historia personal sienta satisfacción en lugar de abandono.

Ya se terminaron por fin los tiempos de añoranza. Puede que aún haya algo de incertidumbre, pero eso lo hace emocionante. Quiero cantar fuerte, y no me importa si los que me escuchan piensan que soy un tonta. Ya no voy a pedir perdón por las cosas que no me corresponden y voy a vivir. Voy a perseguir sueños tan locos que quizá tenga que regresar algún día en otra forma para cumplirlos, pero nada de eso me importa si un desierto de ojos amarillos me acompaña.