Vomito Mental

Sin reproches

Soy feliz, en muchos sentidos me siento satisfecha con la vida que tengo.
Normalmente no diría este tipo de cosas en voz alta, pero hoy me di cuenta que parte de vivirlo es aceptarlo.
Sentirse bien con uno mismo no es algo que tenemos que ocultar bajo la cama como las ocasionales envolturas de golosinas o los primeros rasgos de pubertad en el rostro. Sentir que estas todos los días luchando por las cosas que te hacen sentir vivo me hace notar que estoy orgullosa de las decisiones que he tomado en la vida; a pesar de ser joven y rebelde.

Hoy fue la primera vez en muchos años que me detuve a mirar el pasado.
Desde hace tiempo deje ese hobby, cuando tenía 16 y no tenía mucha suerte con los chicos ni era popular.
Siempre fui rara, me gusta escribir y pintar… leía, que se puede esperar de adolescencias así.
Mis amigas de la secundaria, a quienes aún recuerdo con cariño, me metieron la malicia y me sacaron lo ñoña con las uñas y las lentejuelas. Conocí un par de cosas para las que no estaba preparada, entre ellas un chico que intentó suicidarse y venció. Me hice la pinta varias veces para ir a tomar chela y a fumar atrás de la cancha de fut.

Viajé, vi el mundo y me sentí diminuta. Me avergoncé de mi porque nunca tube sentido de la moda y muchas veces sólo me sentía gorda y fea. Por mi mente cruzó la idea de que jamás amaría o peor aún, sería amada. Dejé que personas sin autoridad me menospreciaran y me hicieran sentir a viva piel mis inseguridades. Me perdí un poco entre el tiempo y las luces de colores. Desafié al destino en más de mil formas para ver si soy inmortal; sentía que sí lo desafiaba con ganas me salvarían si valía la pena.

De muchas cosas nunca estuve segura, entre ellas mi carrera y hasta mi propia vida. Me cuestioné acerca del futuro, varias noches en vela y otras de juerga intentando olvidar lo evidente, desentenderme de mi locura. Todo eso que me hizo sentir como un monstruo me dio la fuerza que necesitaba para conocer al amor de mi vida. Para acercarme sin escudos y decir bien fuerte – aquí estoy – y ya no sentirme invisible. Así es la vida: un instante. La transformación inexplicable de la materia y su espíritu. Dejar de ser alguien y decir con orgullo quien eres.

Me siento feliz. No me siento como esa niña tonta que busca la aprobación de otros o excusas para pedir abrazos. Soy dueña de mi tiempo y vivo para ser y estar con la gente que más amo. Siento que mi barco tiene dirección y que mi corazón tiene un lugar en esta ruleta rusa donde aunque apuesto no pierdo nada porque todo se vale. Me rio de las presiones mundanas que tendría otros días y me impiden dormir. He aprendido a tomarme la vida como es y gozar porque es corta.

Ayer tenía 16 años y una caja de inseguridad. En poco meses cumpliré 25 y me siento bien, en paz. No es que tengo todo lo que quiera, pero sé que tengo todas las herramientas para construir mis sueños; incluyendo esa casa del árbol.