Poemas

Llegó el día

Me desperté después de un miércoles de ausencia.
Mi cuerpo quedo postrado en una cama y mi alma se escabulló entre las sábanas.
Sentí que había perdido la habilidad de vivir,
que me convertiría en alguien más que no supiera cantar
ni bailar a escondidas en el baño.
La muerte me reta a un siniestro baile,
como pude me arreglé: pintada de boca roja y vestido largo
salí por la tarde a darle su buen merecido.

El tiempo avanzó y con él me dediqué a mi tango.
Con las zapatillas amarradas di fuertes taconazos;
soy la clase de chica que le viene bien el zapateado y las sevillanas.
Al son de la guitarra me enfrento a la usurpadora,
esa mujer de velo que no muestra el rostro enfermo y afligido.

Alegre el grillo canti y canti mientras danzo,
me acompaña con sus brinquitos y sus lindos ojitos amarillos.
La última pirueta se avecina y yo me prepara para el final.
Saco las castañuelas y miro a los ojos a la muerte,
que esa flaca infeliz se largue de mi casa y me regrese el cuerpo al alma.

Ella sabe que no es competencia segura,
una pobre solterona amargada que mejor se va de mi casa.
Al tú por tú con otra que haga menos tango,
con una que no traiga los zapatos boleados y cándida alma.