Vomito Mental

Felicidades

Fue una semana difícil. Me abatí por culpa de lo inevitable y creí que mis sueño no se volvería realidad jamás porque un pequeño obstáculo se opuso.

Me vi proyectada en un niño de 7 años con peinado de honguito. Recuerdo que el niño no paraba de llorar porque la madre de su amigo no sabía de sus planes. Sus ojos eran puro dolor y tormentos de mares que no se aplacarían con el tierno sonido de una voz maternal. Afligido repetía que sería su última oportunidad para invitar un amigo. Gritaba y se aferraba a la falda de la madre ajena como un desahuciado se aferra a sus últimos minutos de vida en la tierra. La madre no tuvo otro remedio que tomar su cara entre las manos y explicarle que la vida continuaría.

Yo era ese pobre niño. Alguien aún muy joven que tendrá miles de oportunidades de hacer lo que le plazca y no tiene que correr tras los corceles blancos. Me impacienté cuando la madurez me iluminó y encontré la oportunidad de mejorar mi propia obra para que fuera extraordinaria.

Los sueños toman tiempo para materializarce, al menos por los que vale la pena luchar. Que importa si me tomará otro año completar el mio, si lo que necesito es tiempo para que este escrito refleje quien soy hoy y ustedes puedan verlo meses después en una pantalla grande. Les cuento esto porque mi sabia madre esa noche que fracasé abrió un vino rosado y juntas brindamos por la vida y las segundas oportunidades. Con lágrimas en los ojos me dijo que creceré y me convertiré en una mujer paciente y elegante que tendrá certeza de su camino. Tomó su copa y dio un sorbo a la alegre vida que burbujea y colorea el cristal; se detuvo unos segundo y subió la mirada a la altura de mis ojos… La vi grande y dorada como un ángel; sin pena me dijo que su sueño le ha tomado construirlo 16 años.

Hoy es la graduación de mi madre, no cualquier festejo, ahora ella es una doctora. Una mujer que representa el temple y la lucha de su generación por la liberación de todas nosotras. A ella le tomo tanto tiempo encontrar una oportunidad, dejó a su marido que la guardó en las tinieblas y conoció gente maravillosa que la llevo de la mano hacia su destino.

Ya no lloré más. Como ese niño tendré que esperar un poco para invitar a ese amigo. Valdrá la pena esa tarde de juegos. Seré diferente, mejor… seré una mujer como mi madre.