Historias Cortas, Poemas

Carta a Leandro

Marcado por la vida en medio de sus sienes andaba por la calle cuando nos encontró. La cicatriz de su rostro no era la más profunda de las heridas de su ser. Cuando ese hombre me miró a los ojos dejó que lo que le quedaba de corazón se le desangrara. Su voz era profunda como el sonido de los tambores rumberos que se acobijan en los callejones de la Habana.

Se intrigo por nuestro aspecto forastero, como si fuéramos extraterrestres de una planeta llamado Capitalismo. Me dijo su nombre quedito: Leandro. Del resto de la historia me he ido curando con el tiempo. Sé que todo lo demás que me dijo era mentira; quite las palabras del aire y me quedé sólo con sus intenciones.

Agrio como los mamonsillos en las playas de Varadero eran sus ademanes. Un andar de estrella de los 40´s que bien quisiera imitar. Un Leandro lleno de orgullo, algo que no se puede repetir porque este es el centro de su universo. Con una tonada amena y fuerte sentido del humor que comprueba lo poco que entretiene el dinero cuando se goza de las cosas pequeñas. Negro como una pantera que anida en el centro de la selva. Ágil y siniestra de una forma fascinante. Lo bello era su misterio, el mundo que me construyó y lo convirtió en una leyenda. Tan destruido como esos bellos palacios que caminamos por la madrugada envueltos en un juego de moralidades a medias.

Leandro añorando nuestra vida en un país donde la gente se pudre de hambre y frío; yo cuestionando su sistema político creyendo que lo único que vale es lo que yo conozco. Terminamos seducidos por lo menos obvio de Cuba y caminamos junto a él. La nostalgia que lo acompaña se me metió por la piel y ahora espero las olas que se lleven esta tristeza. Puedo delinear las cadenas que deja el tiempo y las marcas que nos agujeran la espalda hasta que nos desmayemos de chorrear esperanza.

Leandro… buscando un ron que le ofrezca un extraño. Fumando un pitillo que encuentra tirado en la calle. Cuestionando su suerte que se rebela entre las mareas de esos ojos puercos; tormentoso torbellino donde nos encontramos. Decifro como puedo tus pasos y separando motivos para no ahogarme con verdades.

Visceral es la belleza de este enigma tuyo negrito. Hombre que naciste esclavo en tu mente y encerrado en esta isla. Santero que quitas la cabeza de los palomos para beber su sangre y ver si te robas sus alas. Negro y revoltoso como el espíritu de tu nación que se ha alejado del mundo quien le dio la espalda mientras flota por el Caribe.

Perdóname Leandro por el abandono, son abismales los espacios entre nuestro corazones. Te ruego disculpes la covardia de mi alma que hoy marcó el final de la intersección en nuestro caminos que sólo se reunirán en el cielo, si es que existe un Dios más justo.