Poemas

Para Mirthes

Me recordó a mi abuela, a la única.

Su departamento era acogedor. Cada rincón tenía un toque maternal. El comedor me produjo cierta nostalgia por el pasado. Como una larga tonada clásica que se transforma en una modernidad que ahora contemplo en tonalidades moradas.

Recorro los coloridos surcos del tapete con los tentáculos de mi imaginación. Aspiro hondo en busca de su perfume, de sus verdes ojos que se han azulado en el rostro de mi querida Gabriela.

Me alejé del cuadro. Brinqué del precipicio de este alto edificio. Me ausenté de la cena porque lo que más me cautivó fue su normalidad; los entrelazados caminos del destino a quienes regalo girasoles.

La busqué. La busqué en medio de un mundo de extraños. En sus detalles y los cuchicheos. Descifré su verdad y les escribí un soneto para cantarlo antes de dormir.

Me dieron ganas de abrazarla, de contarle que me he enamorado. Quisiera que pudiera hablar con él a pesar de no poder escuchar bien sus palabras. Me dieron ganas de traer mis colores; de ponerle dorados y naranjas al cielo gris para pensar que ella me sonríe mientras nos besamos.