Vomito Mental

Punto Final

Busqué la forma de ponerle punto final a la historia. Me esmeré en crear personajes que fueran creíbles, los huecos que tengan serán evidentes para los espectadores.

Me abrí con el cuchillo más filoso de la cocina y corté una circunferencia sobre mi estómago. Comencé a jalar mis intestinos poco a poco mientras presenciaba el lento desangrar de mis entrañas. La verdad me produjo náuseas que inundaron la cocina con restos de mi desayuno y mi pubertad. Me fui quitando todas las costras de mis heridas para ver si llegaba al fondo del misterio, deseaba confrontar mi carne trémula y putrefacta; ver si sería capaz de poner un final a este cuento.

Los escenarios fueron justo los mismos. La memoria es un terrorífico lugar para dejar guardados los recuerdos. Podía olor el ático donde acumuló todas sus pertenencias y repasé con la yema del dedo el polvo sobre los muebles. El tiempo se suspendió y ahora duerme sobre la amaca que él construyó con cuidado y metodismo. Cubrió las paredes con dibujos preescolares y me mando a cenar con la barriga vacía. Me dijo que iría a darme las buenas noches pero pasaron 20 años de eso.

Me torturé con el pasado como hice cada noche antes de rezar un padre nuestro. No me comí las uñas porque serían mi única herramienta para escarbar el agujero por el que escaparía. Procuré que no se hiciera tarde para terminar de contarle a todos como terminó mi relato. Imaginé como sería su rostro al grado que se ha convertido en pesadilla latente. Transito a medias las calles que fui armando para seguirte hasta la casa donde he de abandonarte y con eso a mi locura. Concluí sin cobardía sabiendo que tendría que enfrentarte otro día en el infierno.

Fotografía: Diego Caballero