Historias Cortas

El Gran Truco

Mi sombrero de copa se rompió hace un par de años en medio del espectáculo. El conejo que tenía fue lo primero que escapó cuando se reventaron los globos de colores.

Me senté en la banqueta con mi viejo maletín. Caminé con las medias mordisqueadas y los zapatos sucios. Me asomé entre agujeros y ranuras de metal, guardé los naipes y me saqué todos los trucos de la manga.

Colgué mi chaqueta en la puerta de la casa. Había decidido ya no ser maga, ni bruja, ni rana… nada. Me recosté en la cama de mi abuela y le escribí una carta.

“Querida abuela:

A donde van los conejos? El mio esta perdido y no me gustaría saber que está donde dice mi madre que tu pasas las vacaciones; hace mucho tiempo que no vienes de visita y también te extraño…”

– Pero que linda carta.

Solté la pluma y el papel. Lo miré de cerca y sus antenas acariciaron mis dedos. Ingenua pensé que podría guardarlo en mi mano, quería escucharlo cantar hasta quedarme dormida.

– Damas y Caballeros, están preparados para ver algo nunca antes visto?

Inhalé hondo una última vez, jale un poco mi saco para ajustar la flexibilidad de mi brazo e hice una pausa para escucharlos respirar. Fue la sorpresa, la falta de aliento, ese pequeño salto sobre mi hombro… quizá esa sonrisa.

La magia era verde, serpentinas de colores; recuerdo los aplausos, mi alegría. Y después de todo eso, la sorpresa para mi fue cuando desperté años después y ese saltamontes seguía dentro del bolso derecho de mi pantalón.