Historias Cortas

La Palabra Perfecta

Recibo una invitación. El sobre, perfecto, con mi nombre gravado en letras de oro, me arranca una sonrisa por el tan elegante convite. El asunto, aunque corto, no dejó de ser conciso y contundente, yo Amelia, he sido invitada a la fiesta del universo.

Como buena niña, me preparo con anticipación para elegir el mejor de mis vestidos y los más elegantes tacones que poseo, no me gustaría no estar vestida para la ocasión. Reniego un rato con mi pelo rizado que más alborotado que yo, no me permite peinarlo. Del baúl de los recuerdos saco un prendedor que diga fuerte y claro lo que he sido. Me desmaquillo con cuidado para borrar los restos de esas máscaras que alguna vez pensé me resguardaban del frío… no hace falta un disfraz de estos, después de todo alguien ya me ha elegido.

Mis pendientes de estrellas descansan pacientes sobre mis oídos que a diferencia de otros días están dispuestos a escuchar. Collares de perlas para ahuyentar a mis enemigos y el toque final: unas medias de seda que tanto me recuerdan a mi abuela.

El carruaje espera afuera, parece que estoy lista…

¡esperen! Olvido lo más importante: ¡el regalo!

Como enloquecida busco en el armario de mi tía un regalo viejo que pueda servirme sin éxito alguno, después de todo que se le puede dar al universo.

A punto estaba de ya no ir, de rendirme por completo y quedarme en mi casa cuando de la nada tuve una idea.

Apresurada me fui, el tiempo perdido hizo que no llegara a la hora exacta. Los guardias estaban por cerrar la puerta y de un zarpazo los detuve: perdone usted señor universo, no fue mi intención ser impuntual, pero puede imaginarse que no es fácil venir a presentarse frente a semejante eminencia.

– Lo bueno es que has llegado… anda pasa

– No quisiera hacerlo sin antes decirle que le he traído algo especial…

Una insignificante pluma y un roto pedazo de papel es lo que mis temerosas manos le ofrecen.

El me mira complacido y como buen anfitrión no me dejó hacer alarde de mi tremendo regalo.