Fotografias, Historias Cortas

La hora del Té

Dio la hora. Me miraste con esos ojos amarillos perdidos en señal de disculpa.
No te dije nada porque no tenía caso molestarte con mis cosas, supongo que bastantes sermones ya te dio tu mamá y no es mi lugar.

Nos sentamos al rededor de tu mesa a charlar un poco sobre la vida, sobre los recuerdos, sobre el olvido.
Encerramos a los perros y las formalidades en el patio. Nos trajeron el té las mucamas perfectamente uniformadas con caras de zombies.
Los pastelillos y las tartas sobre la mesa me recordaron a mi abuela materna, a sus manos de seda y su melódica voz.

Como dos jóvenes rebeldes de sociedad nos enfrentamos a nuestras apariencias a la hora del té. Hablamos de lo inusual, de nosotras.
Espolvoreas tu nariz pensando que no puedo darme cuenta, veo como la helada nieve cae desde las alturas y se espolvorea sobre los bocadillos.
El aliento podrido de tus palabras con sabores a químico danzan dentro de mis oídos.
Decadencia echa vestuario, frialdad hecha banalidad, miedo… que más querías que sintiera.

El chofer nos interrumpe con tu encargo. Te levantas nerviosa de tu lugar y lo jalas del brazo para ocultarse tras las macetas.
No necesito escucharte para saber que te has quedado sin soda y ahora no tienes idea como vas a terminar el día.
Lo regañas, el pobre no puede hacer nada. Quien iba a pensar que agarrarían al desgraciado en la dulcería.

– Ni modo – Me digo, terminaremos antes de lo previsto nuestro encuentro.
Me cuesta trabajo sorber el último trago y dejarte casi desmayada mientras golpeas al chofer.

FOTOGRAFÍA de marcevte