Fotografias, Historias Cortas

Danilo

Perdió la razón. Desapareció la realidad. Pobre Danilo, su madre no lo encuentra.

El reloj marcó la misma hora que aquella tarde cuando mi padre se decidió. Un disco rayado, una repetición tras otra, el mismo instante, lo peor.

La cargo en sus propios brazos porque ella no respondía al llamado del loquero. No lo culpo, desde que lo contrataron dijo que él no se metía en disputas familiares. Se hizo a un lado cuando ella comenzó a gritar, a culparlo de la misteriosa desaparición de su hijo el más pequeño.

– Señor, no se enfade con ella; llevarle la contraria no la hará reaccionar.

– Absténgase de comentar cualquier cosa si no piensa hacer algo al respecto. Con lo que cobra debería usted mismo hacerla entrar en razón. Un profesional como usted debería tener vergüenza de dejar a mis pobres hijos pasar por esto.

No puedo soportar la conversación. Dejo la mochila en el vestíbulo y abro la puerta para verla antes de que le haga daño. Antes de que se perdiera su figura dentro de ese obscuro sótano.

– ¡Madre!

Ella no volteó. Estaba como muerta sobre el hombro de mi padre. El loquero con su bata blanca se interpuso entre mi frágil cuerpo y el barandal.

– ¡Madre!

– ¡Carajo Adela! ¡Deja de gritarle a tu madre que no te escucha!

– Pero papá… ¿qué le has hecho que no responde?

– No me acuses de cosas como esa Adela.

No hay explicaciones. No hay nada más que cojines blancos dentro de la nueva celda de mi madre.
Las escaleras están cubiertas de un material esponjoso y resbaladizo como si quisieran que alguien rodara por ellas. Una tumba perpetua donde la enterraríamos en vida.

Danilo, hablan de un tal Danilo que no conozco. Me atrevo a desobedecer a mi padre y bajo un escalón más. Quiero retarlo, que confiese su tremendo pecado.

– ¿Quién es Danilo? Te escuché hablando de él. ¿Qué es él de mi madre?

– ¡En verdad quieres saber la verdad! ¿Me estás retando? Primero que nada que quede claro que la encierro en este agujero por tú bien y el de tus hermanos. Que tu madre sea una mala madre no es culpa mía; para tu información el puto Danilo es el bastardo imaginario de tu madre. El único de sus hijos al que recuerda y la pesadilla que me sigue durante el día.

La ira en sus palabras, sus ojos azules destrozándose como un vidrio que se acaba de romper contra la paredes, la desolación… Esa confrontación de realidades y de mundos incomprensibles para mí. Una madre que ama a un hijo que no existe y que olvida una familia. Una madre que olvidé ese mismo día según me cuenta el loquero que estuvo frente a mi todo el tiempo.

No la recuerdo, no puedo. Sus ojos perdidos, su lánguido cuerpo postrado sobre mi padre; su olvido mi más tremendo dolor.