Poemas

Demente

Veo como tus pecas se despintan y luego se trasforman en navajas que me cortan el pecho. El aliento me falta para reponerme de una decepción y tomamos turnos para comer porque has perdido la fe en mí.

Discúlpame por todo el dramatismo, por la bipolaridad de mis frágiles pensamientos. Trapeo el piso del vestíbulo con lágrimas que a nadie le hacen falta, un llanto carente de sentido. Perdóname si no entiendes la forma en la que te amo, en la que sufro al sentirte lejos de mi cuando te pierdes en la diminuta cocina.

Me rasco las heridas frescas y dejo que se desangren para ver si me termino, si me voy a donde no tenga que ver como me desprecias. Sé que detestas que sea fatalista, que ponga punto final a las cosas como si fuera una cobarde; una mujer distinta de la que amas. Lo más horrendo de todo es que sé que será mi culpa que te vayas un día de estos. Lamento que tengas que soportar mi arranques y te repito que ninguno de ellos es para ti, lástima que no supe dejar eso en claro cuando yo misma te empuje lejos de mi.

El polvo de las estrellas cae sobre tu espalda desnuda que sueño con delinear. Fantaseo con tu cálido cuerpo y tu tersa piel. Miro por la ventana y mejor me oculto en la habitación que solemos compartir para que nadie más me vea llorar. Desquiciados y poco pertinentes son mis alaridos, las llagas punzantes de mi espíritu han agujerado lo que era bello y puro.

Quisiera que vinieras a verme, que me tomaras entre tus brazos y que me dijeras que aún me quieres. El orgullo es un viejo sombrero que vendí por la mañana a 150 pesos junto con otros 2 artículos rotos, pero eso no te traerá de vuelta de ese planeta llamado exilio.

Te amo. Amo tus cabellos dorados que adornan los días de mi caótica existencia. Eres las partículas de las que está hecha mi felicidad y el desierto amarillo donde me pierde y me desencuentro. Pasaría si fuera necesario tres vidas postrada en la cama junto a ti y te escribiría largos sonetos para que construyamos tu casa o mi tuba.

Sálvame de la prisión que es mi mente, desátame de estas cuerdas que se llaman fracaso y desviste mis ojos para que vean el mundo que sólo puede ser tuyo. Ya no quiero ser esa demente mujer que desconozco, quiero ser tu amante y tomarte locamente cuando muerda tu cuello por la noche en nuestra cama.