Poemas

Con Pistolas

Guarda la pistola bajo las almohadas,
que el niño de la casa la encuentre
y la lleve al jardín de niños donde
pueda desgarrar a su presa…

Que no aprendan a leer o escribir,
mejor que rejunte los cartuchos quemados del suelo
y que jueguen con balines o cohetes.

Por las noches tiran granadas en vez de juegos pirotécnicos,
su sonido nos hace pequeños de corazón
y sordos inconscientes que nos convierte en cerdos.

Es un niño bien, al menos eso dicen sus padres.
El sale del salón a jugar con sus compañeros,
pero no sabe distinguir lo letal de lo amistoso.

Ve su blanco desde lejos, una niña rubita de coletas.
Ella lo mira con esos ojos azules que lo penetran.
Él sólo tiene un disparo para penetrarle la cabeza.

Como ángeles perdidos el resto del patio grita desquiciado,
la pureza se les cae de los uniformes y se llena de lodo.
Pequeños demonios que danzan al rededor de su miseria,
un verdugo sin clemencia por aquella virgen María.