Historias Cortas

En llamas

El teléfono suena en la otra habitación. Nadie contesta, estoy sólo y la casa está en llamas. El fuego arrancó mi piel en cachos, las yagas sangran manchando el piso, mis gritos son inútiles, se consumen como el aire entre el humo. Me desvanezco lento, la muerte rápida nunca ha sido trágica.

 

Rezo, ya sin fe, todos mis miedos se destapan al ver caer el techo encendido; bombas y mísiles caen sobre mi cabeza, el infierno está en llamas.

Veo como se desangra mi vida sobre mis brazos; afuera llueve, mis ojos no distinguen su color, es roja eso lo sé.

 

El teléfono sigue sonando, ¡me muero tan lento!, soy sólo restos de existencia. Quisiera atender, podrías ser tú; o quizá la vida que se despide de mi y yo sólo puedo vomitar sangre. Posiblemente me queden diez segundos más de vida, nueve arrepentimientos, ocho caras que recordar, siente ventanas y seis puertas, cinco historias me caen encima, escucho cuatro canciones para tres palabras de amor, dos por un momento, ahora sólo quedan uno.

Ya no tengo rostro, ni piernas ni vida.

 

Ahora nadie me tendrá que levantar por la mañana, ya no existiré. Me estoy cayendo bajo las escaleras, ya no tendré de que preocuparme en confiar, ya ni siquiera volveré a escuchar el teléfono.

 

La casa es una ruina encendida, yo desaparezco sin misericordia. Ya no tendré que dormir, estoy explotando a falta de oxigeno, ya ni siquiera tengo ojos que cerrar.