Vomito Mental

Dislexica

Escribiendo las respuestas del examen en un acordeón con las letras volteadas me di cuenta que mi terrible mal; ese regalo que me había dado el diablo según las monjas de mi primaria, no tenía nada de malo. La presión de ser una pequeña dama de 7 años con moños y comprender el ABC  de corazón  me hicieron dudar que fueran correctas esas respuestas; así que mejor tire a la basura esos papeles y aprendí lo que pude. Racionalizar las lecciones no las hace más comprensibles, no es que seamos disléxicos; es que quizá leemos otras cosas entre las líneas.

Descarte toda posibilidad de encajar o de si quiera escribir algo que valiera la pena porque no me sienta bien el fracaso. Me comí la luz y luego dejé que emanara de mi lo que podía; no soy ninguna clase de Cristo pero los eclipses que se generan a mi paso me llenan de momentum.

Soy disléxica porque no logro memorizar reglas, porque no logro concebir los límites y detesto los cubículos de oficina. He sido en este par de vidas una mal criada, una mala hija, la gemela diabólica, la tonta, la redundancia, la media, lo opuesto. Tristemente soy la chica que no sabe nada sobre la música de ahora, la que no tiene ganas de subirse a una montaña rusa, la que no sabe mentir.

Una cosa buena es todo lo que hace falta al momento de declararse completamente loco, o como prefiero definirlo yo: original. Las verdades siempre terminan por ser mentiras, como los listos siempre terminan sintiéndose tontos o los buenos malos por culpa de vanos arrepentimientos.

Disléxica es honesta, pero no es la verdad. Disléxica es poeta pero no sabe rimar porque siempre se me ha hecho eso mundano. Disléxica suele definirse la gente con una condición o problema, yo soy disléxica porque trasgiverso sentimientos para volverlos reales.